Convención
sobre los Humedales 
Día Mundial de los Humedales 1998
TAN SÓLO UNA GOTA DE AGUA
EL 2 DE FEBRERO ES EL DÍA MUNDIAL DE LOS HUMEDALES. ESTE AÑO LA CONVENCIÓN SOBRE LOS HUMEDALES PROPONE EXAMINAR LA FUNCIÓN DESEMPEÑADA POR ESTOS HÁBITAT ESPECIALES EN EL CICLO DEL AGUA DEL PLANETA. LOS HUMEDALES HACEN UNA CONTRIBUCIÓN IMPORTANTE AL MANTENIMIENTO DE LA CANTIDAD DE AGUA Y SU CALIDAD PARA LA CONSERVACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD Y EL BIENESTAR DE LA HUMANIDAD. SIN EMBARGO, EN MUCHOS PAÍSES SU FUNCIÓN NO SE ACABA DE ENTENDER Y LA PÉRDIDA DE HUMEDALES CONTINÚA PONIENDO EN PELIGRO EL FUTURO DE LA SOSTENIBILIDAD.
Gland (Suiza), 22 de enero de 1998. -- Coja un litro de agua; con un gotario recoja una gota, extienda una mano, deje caer la gota sobre ella y colóquela al lado del contenedor del litro de agua. Esa preciosa y frágil gota retirada del litro de agua equivale, en proporción al agua del mundo, a la totalidad del agua dulce disponible para ser utilizada por el hombre, mantener en niveles óptimos las poblaciones de todas las especies de agua dulce y terrestres y garantizar el funcionamiento adecuado de todos los sistemas de agua dulce de nuestro Planeta Azul...¡tan lleno de agua y tan falto de ella!
El 97% del agua de la Tierra es salada y se halla en los mares y océanos. Tan sólo el 3% restante es agua dulce, pero la mayor parte de ella está atrapada en los casquetes polares y bajo tierra, es decir que tan sólo una proporción minúscula de ese 3% se compone de aguas superficiales y atmosféricas. A pesar de esto, cerca del 12% de las especies animales, incluido el 41% de todas las especies de peces conocidas, viven en el 0.08% de agua dulce disponible en los ríos y lagos. A nivel mundial, en términos de especies por unidad de superficie, los ecosistemas de agua dulce son, por término medio, ligeramente más ricos que los terrestres y 15 veces más ricos que los del medio marino. Además, todas las especies terrestres de plantas y animales, incluido el Homo sapiens, dependen de la disponibilidad de agua dulce.
El agua dulce posee otras dos características importantes que debemos tener en cuenta. Una es que su volumen es constante (¡por ahora no somos capaces de crear agua!), aunque se mueve y transforma de manera continua: el gran Ciclo del Agua. Cada día 800.000 millones de megavatios/hora de energía solar (la producción total de todas nuestras centrales eléctricas es de unos 20 millones de megavatios/hora) evaporan un volumen de agua equivalente a 5 millones de piscinas olímpicas de la superficie del mar y la tierra, que luego retorna a la superficie en forma de lluvia y nieve. Por término medio, el agua de los ríos se repone cada 18-20 días, pero una sola molécula de agua puede tardar hasta un año en completar el ciclo completo del agua.
La otra característica importante de los recursos hídricos es que están distribuidos en forma desigual. En el planeta existen 129 kilómetros cúbicos de agua dulce y 43 se encuentran en América del Sur y Central, 36 en Asia, 22 en América del Norte, 21 en África, seis en Europa y en Australia hay solamente uno. La distribución es también muy desigual dentro de los continentes, sobre todo en África y Australia.
En muchos sitios la escasez de agua es crítica. En general, se estima que un país experimentará estrés por escasez de agua si el suministro de agua cae por debajo de 1.700m3 por persona. Por término medio, el planeta cuenta con unos 7.400m3 de agua por persona, pero hay 22 países que cuentan con menos de 1.000m3 por habitante y otros 18 con menos de 2.000 por habitante. Para el año 2025, una de cada tres personas, es decir unos 3,75 mil millones de personas, vivirán en unos 52 países estresados por escasez de agua o afectados por una escasez crónica de agua.
La escasez de agua ha colocado la cuestión en el primer lugar de la agenda política internacional. El agua es un recurso compartido: el 40% de la población del mundo vive en las más de 200 cuencas fluviales compartidas por dos o más [países]. Así, la gestión del agua sobre la base de un enfoque racional que abarce toda la cuenca requiere una fuerte dosis de voluntad política de cooperar en pro del bien colectivo. De no ser así, el agua, la fuente de la vida, se podría convertir fácilmente en causa de enfrentamientos devastadores.
Al carácter finito de este recurso, a su distribución desigual y al hecho de que el consumo propio puede depender de las opciones de otros pueblos, se suma la naturaleza altamente intrusiva de la especie humana. La mayor parte de los sistemas de agua dulce han sido objeto de una fuerte explotación en pos del desarrollo humano, proceso que dista mucho de haber acabado, si tenemos en cuenta que actualmente mil millones de personas carecen todavía de suministro adecuado de agua y que 1.700 millones carecen de servicios adecuados de saneamiento. Dadas las proyecciones según las cuales la población mundial aumentará un 50% en los próximos 30 años y las actuales tendencias de utilización del agua, cabe prever que la demanda aumente un 650% en el mismo período.
En muchos casos los caudales fluviales naturales y las llanuras en que vivimos han sido regulados y controlados por obras de ingeniería, sobre todo en el mundo desarrollado. En los EE.UU. sólo el 2% de los 5,1 millones de kilómetros de ríos corren aún libremente sin haber sido desarrolados, al tiempo que más del 85% de las aguas interiores están controladas por medios artificiales. En Europa, el Rin se encuentra actualmente desconectado de su llanura de inundación natural en más del 90% de sus 1,300 km y el canal artificial de corriente rápida está cavando un canal más rápido aún a lo largo de su curso hacia los Países Bajos. Los habitantes de sus riberas han sufrido 10 grandes inundaciones en los 20 últimos años, incluida la inundación de 1995 que hizo necesario evacuar a 250.000 personas en los Países Bajos y provocó daños valorados estimativamente en 1.000 millones de dólares EE.UU.
La regulación y el drenaje de sistemas hídricos para la agricultura y la urbabización han sido importantes causas de destrucción de más del 50% de los humedales en países como los EE.UU., Nueva Zelandia, Australia, el Pakistán, Tailandia, Níger, el Chad, Tanzania, la India, Viet Nam e Italia. Esto ocurrió en una época en que los conocimientos sobre dos importantes factores y su reconocimiento eran escasos. El primero es que a la hora de tomar decisiones sobre el uso del agua, el propio medio es un usuario importante de dicho elemento. Parece un lugar común: los sistemas hídricos necesitan agua (el volumen adecuado en el momento adecuado) para funcionar adecuadamente y garantizar un suministro constante y de calidad a otros usuarios. No obstante, a algunos administradores de aguas todavía les cuesta entender que las asignaciones para uso humano sólo se pueden mantener a largo plazo velando en primer lugar por la asignación ambiental que los sistemas requieren para continuar funcionando. El segundo factor que ha afectado a los humedales es el desconocimiento generalizado de las múltiples y valiosas funciones beneficiosas que desempeñan en las cuencas y zonas costeras donde se hallan.
Los tiempos están cambiando. Ciento seis países países se han adherido a la Convención sobre los Humedales, firmada originalmente el 2 de febrero de 1971 en la ciudad iraní de Ramsar, a orillas del Mar Caspio. Mediante su adhesión, estos países se han comprometido a participar en un proceso de identificación en su territorio de los lugares que pueden clasificarse como humedales de importancia internacional a fin de prestar especial atención a su conservación y uso sostenible. Hasta la fecha, más de 900 sitios de esta clase, con una superficie de unos 67.500.000 hectáreas (más de la superficie total de Francia o Kenya), han sido incluidos en la Lista de Ramsar elaborada por la Convención. Además, las partes en el tratado se han comprometido a promover el uso sostenible de todos los humedales de su territorio adoptando políticas y leyes adecuadas. Ninguno de los 106 países miembros ha aplicado la Convención en su máxima medida y sería incorrecto afirmar que todos los humedales se encuentran definitivamente a salvo en cualquiera de ellos. Con todo, se están consiguiendo avances importantes y hay indicios claros de que los países y, lo que es más importante aún, las sociedades están modificando su concepto de los valores de los humedales y actuando en consecuencia.
Los humedales, que son bañados por aguas poco profundas y a menudo están saturados de nutrientes, conforman algunos de los sistemas naturales más productivos de la Tierra y son asimismo un medio ideal para transportar personas y mercancías. No llama la atención que las zonas de humedales hayan servido de cuna a las revoluciones agropecuarias que anunciaron los albores del progreso humano. Casi todos los estados de la antigüedad fueron fundados por pueblos de humedales. Hoy, los humedales que nutrieron a esas grandes civilizaciones de Mesopotamia y Egipto, y los valles de los ríos Níger, Indus y Mekong, siguen siendo esenciales para la salud, el bienestar y la seguridad de quienes viven en sus riberas o cerca de ellas. Siete de las mayores conurbaciones del mundo lindan con humedales estuarinos: Buenos Aires, Londres, Los Angeles, Nueva York, Osaka, Shangai y Tokyo.
La mayor parte del pescado que comemos ha dependido de humedales en alguna etapa de su ciclo biológico y millones de cabezas de ganado y herbívoros silvestres son sustentados por pastizales de llanuras aluviales. En 1995 la pesca y la acuicultura de aguas interiores aportaron 7 millones de toneladas y 14,6 millones respectivamente para consumo directo y elaboración, y las ventas de pescado reportaron ingresos importantes a muchas comunidades y empresas de todo el mundo. Se estima que tan sólo en Asia los cultivos y el pescado de humedales representan los alimentos básicos y la principal fuente de proteínas de más de 2.000 millones de personas. La productividad biológica de los humedales estuarinos y costeros -manglares, marismas, praderas de pastos marinos y bajos fangosos- es enorme y son importantes criaderos de peces marinos, al tiempo que protegen a los litorales bajos contra las tormentas marinas.
En muchos lugares los humedales desempeñan una función importante en la recarga de los acuíferos y la descarga de aguas subterráneas. En la parte peninsular de Malasia se están conservando bosques inundados turbosos a fin de contar con fuentes de suministro de agua seguras para los arrozales cercanos durante la estación seca. En el Parque Nacional de Amboseli de Kenya, la fuente más importante de agua es una serie de manatiales que nacen en el Monte Kilamanjaro y que, después de filtrarse a través de suelos porosos de lava, vuelven a aflorar en la cuenca de Amboseli en una serie de pequeñas ciénagas.
Cuando los cauces de los cursos de agua se enderezan y las tierras altas se denudan de bosques y ciénagas, las crecidas repentinas siembran el caos después de las tormentas y la escorrentía acelerada deja muy poco de lo que depender durante la sequía estival. En términos hidrológicos, el drenaje y el arado de llanuras de aluvión y humedales fluviales han tenido efectos parecidos a los de la desforestación de las tierras altas. Por ejemplo, un estudio hecho por el Illinois State Water Survey en los EE.UU. demostró que cada aumento del 1% de la superficie de las cuencas hidrográficas cubiertas de humedales hacía disminuir el caudal máximo de las crecidas en cerca del 4%. Se podría decir mucho también sobre la función de los humedales de contribuir a la calidad del agua -se ha afirmado que son los riñones del planeta porque depuran el agua que los cruza- y sobre su función de suministrar agua a muchas comunidades locales.
La gestión integrada de los recursos hídricos, incluida la participación informada de todos los interesados, está siendo promovida como nuevo paradigma para encarar la inminente crisis hídrica. Para que este enfoque sea realmente integrado debe tener en cuenta las necesidades hídricas de los ecosistemas naturales en su carácter de usuarios clave. La satisfacción de las necesidades de los demás usuarios depende de su salud y funcionamiento adecuado: los hogares, las industrias, el riego y la generación de energía. Los humedales son un componente importante de la mayor parte de los sistemas acuáticos y por ende han de ocupar un sitio en la mesa de la gestión integrada. Al celebrar su 27º aniversario el 2 de febrero, la Convención sobre los Humedales debería prepararse para ocupar ese sitio y aportar la experiencia que ha adquirido durante todos estos años para ayudar al mundo a garantizar que el agua siga estando disponible para un desarrollo humano ecológicamente racional.
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Declaración relativa al Día Mundial de los Humedales preparada para la prensa y otros usuarios por la Oficina de la Convención sobre los Humedales (Ramsar, Irán, 1971), con materiales facilitados por Doug Hylyer, uno de los Directores del Wildfowl & Wetlands Trust (Reino Unido), y Ken Lum, Senior Associate, Wetlands International -Americas (Canadá) y consultor de la Oficina, entre otros. Algunas cifras han sido tomadas de Water Resources Management: A New Policy for a Sustainable Future, de Ismail Serageldin, Vicepresidente encargado del Desarrollo Ecológicamente Sostenible, Banco Mundial.
Información: Dwight Peck,
Ramsar.
Tel. (41 22) 999 0183 / 0170
Fax (41 22) 999 0169
Correo electrónico: dcp@hq.iucn.org
Translated
from the English original by Juan Carlos Valdovinos. Posted 25 January 1998,
Dwight Peck, Ramsar (ramsar@hq.iucn.org).