La Biblioteca de Ramsar

Valoración económica de los humedales: Guía para decisores y planificadores


Valoración económica de los humedales
 Guía para decisores y planificadores

Edward B. Barbier, Mike Acreman y Duncan Knowler

Oficina de la Convención de Ramsar, 1997

El Dr. Barbier y el Sr. Knowler son Profesor Adjunto e Investigador Asociado del Departament of Environmental Economics and Environmental Management, de la Universidad de York (Reino Unido), respectivamente.

El Dr. Acreman es Asesor en manejo/gestión de aguas dulces de la UICN-Unión Mundial para la Naturaleza y Jefe de Estiajes, Ecología y Humedales del Instituto de Hidrología de Wallingford (Reino Unido).


spanish version of valuation bookCopyright © Oficina de la Convención de Ramsar, 1997. Publicado por la Oficina de la Convención de Ramsar, Gland (Suiza), con apoyo financiero del Departamento del Medio Ambiente del Reino Unido, de la Agencia Sueca de Cooperación para el Desarrollo Internacional (ASCDI), y de la Obra Social de la Caixa Catalunya, España (versión en castellano).

Preparado en colaboración con el Department of Environmental Economics and Environmental Management de la Universidad de York, el Instituto de Hidrología y la UICN - Unión Mundial para la Naturaleza.

Queda aurotorizada e incluso se alienta la reproducción de esta publicación con fines educativos y no comerciales sin permiso previo del titular de los derechos de autor, siempre que se cite en debida forma. Queda prohibida la reproducción para la reventa u otros fines comerciales sin la autorización por escrito del titular de los derechos de autor.

N.B.: Las denominaciones empleadas en este libro y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene, no entrañan, de parte de la Oficina de la Convención de Ramsar, juicio alguno sobre la condición jurídica de ninguno de los países, territorios o regiones citados o de sus autoridades, ni respecto de sus fronteras o límites.

Las opiniones expresadas por los autores de esta publicación no corresponden necesariamente a las de la Oficina de la Convención de Ramsar, la Universidad de York, el Instituto de Hidrología o la UICN.

Esta publicación debe ser citada de la siguiente forma: Barbier, E. B., Acreman, M. C. y Knowler, D. 1997. Valoración económica de los humedales – Guía para decisores y planificadores. Oficina de la Convención de Ramsar, Gland, Suiza.

ISBN 2-940073-25-2

Diseño de la cubierta: L’IV Communications SA, 1110 Morges, Suiza.
Diagramación y corrección: Dwight Peck, Delmar Blasco, y Valerie Higgins
Impreso por Imprimerie Dupuis SA, 1348 Le Brassus, Suiza.
Título original: Economic Valuation of Wetlands: A guide for policy makers and planners.
Traducción: Juan Carlos Valdovinos

Los pedidos deben dirigirse a: Oficina de la Convención de Ramsar (ver tapa), o a: IUCN Publications Services Unit, 219c Huntingdon Road, Cambridge CB3 ODL, R.U. (fax: ++ 44 1223 277175, correo electrónico: info@books.iucn.org).


Índice

Agradecimientos
Prólogo
Prefacio
Resumen ejecutivo

1. Antecedentes del problema del manejo/gestión de los humedales del mundo [nota 1]

1.1 Definición de humedal
1.2 Tipos de humedales
1.3 Importancia de los humedales
1.4 Destrucción de humedales
1.5 El papel de Ramsar en la conservación de los humedales

2. Razón de ser de la valoración

2.1 El papel de la valoración económica en la toma de decisiones
2.2 Valores económicos de los humedales
2.3 Causas de la infravaloración de los recursos y sistemas de humedales en la toma de decisiones concernientes al desarrollo
2.4 Motivos por los que Ramsar asigna importancia a la valoración

3. Marco analítico para valorar humedales

3.1 Primera etapa: determinación del problema y del método de evaluación
3.2 Segunda etapa: determinación del alcance y los límites de la valoración, así como de la información requerida
3.3 Tercera etapa: determinación de métodos de recogida de datos y técnicas de valoración requeridos por la evaluación económica

4. La valoración en la práctica

4.1 Llanura inundable de Hadejia-Nguru, Nigeria septentrional
4.2 Valoración de humedales de pradera en América del Norte: aplicación de un modelo bioeconómico
4.3 Valoración contingente de humedales del Reino Unido
4.4 Valoración de la reducción del nitrógeno del agua empleando los humedales de Suecia
4.5 Valoración de humedales costeros en el sudeste de los Estados Unidos
4.6 Valoración y conversión de manglares en Indonesia
4.7 Conclusiones de los estudios de casos

5. Notas orientadoras sobre los aspectos prácticos de la planificación y realización de un estudio de valoración

5.1 Orientaciones sobre los distintos pasos que se han de dar para hacer un estudio de valoración
5.2 Recursos requeridos para llevar a cabo un estudio de valoración
5.3 El grupo encargado del estudio de valoración y ejemplo de mandato
5.4 Factores no económicos
5.5 Conservación de especies raras

6. Recomendaciones

7. Glosario

8. Obras citadas y bibliografía complementaria

Apéndices

1. Componentes, funciones y propiedades de los humedales y usos de los mismos por el ser humano
2. Comparasión de los métodos de evaluación económica
3. Ventajas e inconvenientes de las técnicas de valoración empleadas en la evaluación económica de los humedales


Agradecimientos

Esta obra ha sido financiada por el Departamento del Medio Ambiente del Reino Unido y la Agencia Sueca de Cooperación para el Desarrollo Internacional (ASCDI). La Obra Social de la Caixa Catalunya, España, financió la presente edición en castellano.

El libro fue ideado por el Dr. Mike Acreman (miembro del Grupo de Manejo/Gestión de Ecosistemas de la UICN-Unión International para la Naturaleza), mientras colaboraba con el Programa de Humedales de la UICN, dirigido por el Dr. Jean-Yves Pirot.

Más tarde se creó una base de datos sobre estudios de valoración de humedales y Michele Beetham, del Deparament of Environmental Economics and Environmental Management de la Universidad de York, propuso un índice preliminar mientras estuvo adscrita a la UICN.

Muchos especialistas formularon observaciones sobre los borradores del texto, especialmente el Profesor Kerry Turner (Centre for Social and Economic Research on the Global Environment, Reino Unido), Torsten Larsson (Organismo Sueco de Protección del Medio Ambiente), el Dr. Robert K. Davis (Universidad del Estado de Ohio, EE.UU.), la Dra. Vilma Carande (Universidad del Estado de Colorado, EE.UU.), Francis Grey (Organismo Australiano de Conservación de la Naturaleza), la Dra. María Zaccagnini (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, Argentina), varios funcionarios de la UICN (en particular, Frank Vorhies), la Oficina de Ramsar, el Departamento del Medio Ambiente del Reino Unido, el Department of Environmental Economics and Environmental Management de la Universidad de York (Reino Unido), y el Instituto de Hidrología de Wallingford (Reino Unido).

El Profesor Kerry Turner y Gayatri Acharya (Department of Environmental Economics and Environmental Management de la Universidad de York), aportaron datos inéditos sobre los costos de los estudios de valoración económica.

El libro se ha producido bajo la coordinación de Dwight Peck, Valerie Higgins, Delmar Blasco, y Mireille Katz.


Prólogo

Esta publicación contiene mucha información útil sobre distintas técnicas de valoración de los humedales. La Guía destaca la importancia que reviste comparar las ventajas del desarrollo con los daños que puede ocasionar a los humedales.

La Guía es el fruto de no poca cooperación entre científicos y economistas y confío en que sea estudiada detenidamente, pues va dirigida sobre todo a ser práctica.

Ilustre Conde de Ferrers, Ministro de Estado para el Medio Ambiente y las Zonas Rurales, Reino Unido, 1996


 Prefacio

La mayoría de las decisiones concernientes a la planificación y el desarrollo se basan actualmente en consideraciones económicas y un número cada vez mayor de ellas viene determinado por las fuerzas que intervienen en el sistema de libre mercado. Si bien este nuevo paradigma tiene limitaciones y riesgos intrínsecos, sería poco realista desestimarlo y fundar nuestra acción en pro de la conservación y el uso racional de los humedales en un conjunto de valores enteramente distintos. Por tanto, para conseguir que se opte por la conservación de los humedales y no por otros usos de la tierra o el agua que los alimenta, es necesario asignar un valor cuantitativo a sus bienes y servicios.

La existencia de un mercado mundial para muchos productos, tales como el pescado y la madera, permite calcular la valía de un humedal sin dificultad. El valor de las funciones de los humedales, como por ejemplo, mejorar la calidad del agua, se puede calcular teniendo en cuenta el costo de construcción de plantas de tratamiento para impulsar los mismos procesos. Sin embargo, es mucho más difícil valorar la diversidad biológica y los valores estéticos de los humedales, dado que el mercado para tales productos es mucho más informe y porque resulta mucho más difícil determinar su valor económico empleando métodos tradicionales. Otro obstáculo importante estriba en que muchos países en desarrollo tienen serios problemas para hacer efectivos los beneficios globales de la conservación de los humedales, como la diversidad biológica (Pierce y Moran, 1994). Por tanto, es necesario concebir nuevos medios para hacerlos efectivos y mejorar los existentes.

En la reunión que celebró en Brisbane (Australia), en marzo de 1996, la Conferencia de las Partes en la Convención sobre los Humedales aprobó un Plan Estratégico que reconoce la importancia y urgencia de llevar adelante la acción en curso en la esfera de la valoración económica de los humedales. El Objetivo Operativo 2.4 del Plan Estratégico estipula que la Convención de Ramsar facilitará la valoración económica de los beneficios y funciones de los humedales divulgando métodos de valoración. La finalidad de este libro es orientar a las decisores y planificadores respecto de las posibilidades que encierra la valoración económica de los humedales y de como se pueden realizar estudios de valoración. Al no preverse que los decisores acometan ellos mismos la labor de valoración, también contiene orientaciones sobre como planificar un estudio e instrucciones generales dirigidas a los consultores técnicos.

Históricamente, muchas personas han asociado el término humedales con pantanos repletos de seres viscosos donde se alojan enfermedades tales como el paludismo y la esquistosomiasis. De hecho, esta noción de que los humedales son tierras inservibles ha dado lugar a la desecación o conversión de muchos de ellos para dedicarlos a la agricultura intensiva, la acuicultura, la industria o la vivienda o para promover la salud pública. Con todo, en los últimos años cada vez más personas han venido tomando conciencia de que los humedales naturales desempeñan muchas funciones valiosas (por ejemplo, mitigar inundaciones, recargar acuíferos y retener agentes contaminantes), que aportan productos sin costo alguno (como pescado, leña, madera, ricos sedimentos aprovechados en la explotación agrícola de tierras de aluvión y atracciones turísticas), que poseen determinadas propiedades (diversidad biológica, belleza), y forman parte del patrimonio cultural y arqueológico de los pueblos.

El elevado número de países que ha adoptado la política de poner coto a la destrucción o degradación de los humedales, reconociendo que éstos deben ser utilizados de forma sostenible y de que es preciso llevar a cabo investigaciones para cuantificar sus valores, subraya la tendencia a conservarlos. La Convención de Ramsar sobre los Humedales, el Convenio sobre la Diversidad Biológica, la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, la OCDE, la UICN-Unión Mundial para la Naturaleza, Wetlands International y el WWF, son algunos de los mecanismos e instituciones que están promoviendo investigaciones y análisis de valoración económica de sistemas naturales, incluidos los humedales. Estas instituciones recomiendan que los decisores examinen todos los beneficios sociales de los ecosistemas naturales, así como los de las propuestas de desarrollo en estudio, y que aprovechen al máximo las técnicas disponibles para expresar los beneficios de los recursos en términos económicos.

Es importante destacar que la valoración económica no constituye una panacea para todas las decisiones y que no representa más que uno de los factores que intervienen en el proceso decisorio, juntamente con otras importantes consideraciones políticas, sociales y culturales. El propósito de este texto es ayudar a las decisores y planificadores a conseguir que la valoración económica contribuya en mayor grado a dicho proceso para que se pueda hallar una vía óptima hacia un futuro sostenible.

Delmar Blasco,
Secretario General,
Convención sobre los Humedales
 


Resumen ejecutivo

El propósito de este libro es dar orientaciones a las decisores y planificadores respecto de las posibilidades que encierra la valoración de los humedales y de como se han de llevar a cabo los estudios pertinentes. Se han hecho diversos estudios para determinar el valor económico de humedales en distintas partes del mundo y los economistas han elaborado metodologías para evaluar los aspectos más intangibles del medio ambiente, tales como los factores recreativos o estéticos, pero nadie los ha aprovechado para elaborar un método general que ponga de manifiesto la utilidad global de la valoración económica para el manejo/gestión de los humedales de todo el mundo. De ahí que este libro contenga datos pormenorizados sobre distintas técnicas de valoración, ejemplos de estudios de valoración y orientaciones para planificar y llevar a cabo un estudio de esa índole, así como para situar los resultados en un contexto decisorio general.

Los humedales figuran entre los ecosistemas más productivos de la Tierra. Dadas las funciones que desempeñan en los ciclos hidrológicos y químicos, así como las extensas cadenas alimentarias y la rica diversidad biológica que sustentan, se ha dicho que son los riñones del medio natural y supermercados biológicos. En el capítulo 1 las características de estos sistemas se agrupan en componentes (suelo, agua, plantas y animales), funciones (ciclo de nutrientes y recarga de acuíferos) y propiedades (diversidad biológica). Con todo, muchos humedales han sido tratados como tierras inservibles y desecados o se han degradado por otras causas. La Convención de Ramsar sobre los Humedales se elaboró para promover su conservación, así como su uso y manejo/gestión racionales.

En el capítulo 2 se explica el papel de la valoración en la toma de decisiones. Muchas decisiones concernientes al desarrollo se basan en consideraciones económicas. Dado que la valoración económica sirve para medir y comparar los distintos beneficios de los humedales, puede representar un instrumento eficaz de facilitación y mejoramiento del uso y el manejo/gestión racionales de los recursos de los humedales del mundo. Hasta ahora los humedales han sido infravalorados porque muchos de sus servicios ecológicos, recursos biológicos y valores recreativos no se compran ni venden, lo que hace difícil ponerles precio. La Convención de Ramsar está promoviendo nuevos métodos de valoración económica para demostrar que los humedales son valiosos y deben ser conservados y utilizados racionalmente.

En el capítulo 3 se elabora un marco para evaluar los beneficios económicos netos de los usos alternativos de los humedales. En la primera etapa de la evaluación se determina un objetivo o problema general y se elige el método de evaluación económica apropiado entre las tres categorías siguientes: análisis del impacto; valoración parcial; y valoración total. En la segunda etapa es preciso determinar el alcance y los límites del análisis, así como los datos necesarios para aplicar el método de evaluación elegido. En la tercera hay que determinar las técnicas de evaluación y los métodos de recogida de datos que la valoración, con inclusión de cualquier análisis del impacto distributivo, requiera.

Para orientar a las decisores acerca de como llevar a cabo un estudio de valoración de humedales, en el capítulo 4 se dan seis ejemplos. Se trata de sendos estudios sobre la llanura inundable de Hadejia-Nguru de Nigeria septentrional; los humedales de las praderas de América del Norte; los Norfolk Broads y el Flow Country de Escocia (Reino Unido); el aprovechamiento de los humedales de Suecia para reducir el nitrógeno del agua; los humedales costeros del sudeste de los Estados Unidos de América; y la conservación de los manglares de Indonesia. Estos estudios de casos, que abarcan diversas zonas geográficas, son ejemplos de aplicación práctica sobre el terreno de una serie de métodos de valoración a humedales de distinto tipo. Aunque no puede decirse que estos estudios abarquen todos los tipos de humedales, su examen permite sacar varias conclusiones. En primer lugar, la integración de los enfoques ecológico y económico reviste una importancia fundamental, sobre todo cuando se trata de valorar funciones ecológicas. Para esto se necesitan no sólo técnicas matemáticas muy complejas, sino también una colaboración continua entre economistas y ecólogos. Además, los estudios demuestran que la valoración no debe concebirse como un fin en sí mismo, sino que se la debe concebir como un instrumento para la aplicación de políticas específicas. Ellas pueden ir desde la mera difusión de información sobre la importancia de los humedales hasta el problema de optar entre distintas alternativas para alcanzar un objetivo de política determinado. En este sentido, las áreas protegidas de humedales no representan más que una de las muchas opciones que pueden existir.

El capítulo 5 contiene orientaciones para planificar y realizar un estudio. Éstas incluyen pautas para llevar a cabo un estudio en siete etapas, a saber: determinación del método de evaluación apropiado; delimitación de la zona de humedales; determinación de sus componentes, funciones y propiedades y fijación de prioridades al respecto; determinación de la relación entre tales componentes, funciones y propiedades y el valor de uso; determinación y obtención de los datos necesarios para proceder a la evaluación; cuantificación de los valores económicos; inserción de los valores económicos en el marco apropiado (por ejemplo, análisis costo-beneficio). Por otra parte, se emplea el ejemplo de un estudio hipotético sobre una llanura inundable de África para dar orientaciones acerca de los recursos requeridos y la elaboración de mandatos para consultores técnicos. Además, se subraya la necesidad de tener en cuenta otros factores (políticos, sociales, históricos o ecológicos), susceptibles de examinarse juntamente con los resultados de la valoración económica a la hora de tomar una decisión.

Por último, se expone una metodología distinta para tomar decisiones respecto de los humedales que alojen especies amenazadas. En el capítulo 6, se formulan recomendaciones sobre la adopción de medidas en el futuro, que subrayan la necesidad de: realizar estudios de valoración económica de sitios determinados; velar por una colaboración interdisciplinaria adecuada; adiestrar personal y desarrollar la capacidad institucional; llevar a cabo investigaciones sobre la teoría y la práctica de la valoración económica; y crear redes de intercambio de ideas y experiencias respecto de la aplicación de métodos de valoración.

El cuerpo del libro va seguido de un glosario de términos, así como de una bibliografía y una lista de lecturas complementarias. Los apéndices contienen pormenores sobre los distintos componentes, funciones y productos de los humedales, un cuadro comparativo de los métodos de evaluación económica y un cuadro en que se enumeran las ventajas e inconvenientes de las técnicas de valoración empleadas en la evaluación económica de los humedales.


1. Antecedentes del problema del manejo/gestión de los humedales del mundo

1.1 Definición de humedal

Cuando se encuentra uno con fango hasta las rodillas en un pantano de aguas estancadas de Zambia, no cabe duda alguna de que se trata realmente de un humedal. Sin embargo, la tarea de aunar experiencias para elaborar una definición precisa de humedal es eminentemente polémica y difícil, porque hay muchos tipos de humedales y existen problemas para delimitarlos. Por ejemplo, cabe preguntarse con qué periodicidad y cuánto tiempo la tierra ha de estar inundada para que pueda clasificarse como humedal. A estos problemas se añade el hecho de que muchos humedales evolucionan con el tiempo, es decir que pueden empezar siendo aguas abiertas, llenarse gradualmente de sedimentos y poblarse de vegetación hasta convertirse finalmente en tierra firme. Con todo, no cabe ninguna duda de que los humedales ocupan el espacio que hay entre los medios húmedos y los medios generalmente secos y de que poseen características de ambos, por lo que no pueden ser clasificados categóricamente como acuáticos ni terrestres. Lo característico de un humedal es la presencia de agua durante períodos lo bastante prolongados como para alterar los suelos, sus microorganismos y las comunidades de flora y fauna hasta el punto de que el suelo no actúa como en los hábitat acuáticos o terrestres.

Felizmente, existen medios prácticos que ayudan a hacer frente a estas cuestiones. Más de 100 Estados han adoptado una definición suscribiendo la Convención de Ramsar Relativa a los Humedales de Importancia Internacional (véase la sección 1.5). El texto de la Convención aplica un criterio amplísimo para determinar qué humedales están sujetos a sus disposiciones y define los humedales como sigue (primer párrafo del artículo 1):

extensiones de marismas, pantanos o turberas cubiertas de agua, sean éstas de régimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluidas las extensiones de agua marina cuya profundidad en marea baja no exceda de seis metros.

Además, la Convención (primer párrafo del artículo 2), estipula que los humedales:

podrán comprender zonas ribereñas o costeras adyacentes, así como las islas o extensiones de agua marina de una profundidad superior a los seis metros en marea baja, cuando se encuentren dentro del humedal.

Estas disposiciones hacen que la Convención se aplique a muchos tipos de hábitat, con inclusión de ríos, aguas costeras poco profundas e inclusive a los arrecifes de coral, pero no a la alta mar.

1.2 Tipos de humedales

En su intento de clasificar los humedales comprendidos en la definición de la Convención, Scott (1989), identificó 30 grupos de humedales naturales y nueve artificiales. Con todo, a título ilustrativo se pueden identificar cinco grandes sistemas de humedales, a saber:

1.3 Importancia de los humedales

La importancia de los humedales ha variado con el tiempo. En el período carbonífero, es decir, hace 350 millones de años, cuando predominaban los ambientes pantanosos, los humedales produjeron y conservaron muchos combustibles fósiles (carbón y petróleo) de los que hoy dependemos. Más tarde, los humedales situados a orillas de los grandes ríos del mundo, con inclusión del Tigris, el Éufrates, el Níger, el Nilo, el Indo y el Mekong, nutrieron a las grandes civilizaciones de la historia. Estos humedales aportaron pescado, agua de beber, tierras de pastoreo, vías de transporte, y como ocupaban un lugar central en la mitología, el arte y la religión, llegaron a formar parte integrante de la vida cultural de los primeros pueblos.

El progreso del conocimiento científico de los humedales ha puesto en evidencia unos bienes y servicios más sutiles. Los humedales han sido descritos a la vez como los riñones del medio natural, a causa de las funciones que pueden desempeñar en los ciclos hidrológicos y químicos, y como supermercados biológicos, en razón de las extensas redes alimentarias y la rica diversidad biológica que sustentan (Mitsch y Gosselink, 1993).

Los humedales figuran entre los ecosistemas más productivos de la Tierra. Las características de estos sistemas se pueden agrupar en componentes, funciones y propiedades. Los componentes del sistema son los rasgos bióticos y no bióticos y abarcan el suelo, el agua, las plantas y los animales. Las interacciones de estos componentes se expresan en funciones, con inclusión del ciclo de nutrientes y el intercambio de aguas superficiales y subterráneas y entre la superficie y la atmósfera. Además, el sistema tiene propiedades, como la diversidad de especies.

Los sistemas de humedales sustentan directamente a millones de seres humanos y aportan bienes y servicios al mundo exterior a ellos. Los seres humanos cultivan los suelos de los humedales, capturan peces de humedales para consumirlos, talan árboles de humedales para obtener madera de construcción y leña y cortan sus cañizos para fabricar esteras y contruir techos. Su utilización directa puede revestir también la forma de actividades recreativas, como la observación de aves y la navegación, o de estudios científicos. Por ejemplo, los suelos esfagnófilos han conservado vestigios de pueblos y caminos antiguos que revisten gran interés para los arqueólogos.

Además de utilizar los humedales de forma directa, los seres humanos se benefician de sus funciones o servicios. A su paso por una llanura de aluvión, el agua se almacena temporalmente, lo que reduce el caudal máximo de los ríos y retrasa el momento en que el caudal alcanza ese nivel, lo que puede favorecer a las poblaciones ribereñas asentadas aguas abajo. Dado que los manglares reducen la energía de las olas, protegen a las comunidades costeras, y como los humedales reciclan el nitrógeno, mejoran la calidad del agua corriente abajo. Quienes se benefician de esta manera están aprovechando las funciones de los humedales indirectamente. Estas funciones pueden ser desempeñadas por obras de ingeniería como represas, escolleras o plantas de tratamiento de aguas, pero los humedales suelen hacerlo a un costo menor que estas soluciones técnicas.

Sin embargo, no todos los humedales desempeñan la totalidad de estas funciones hidrológicas en igual grado, y puede ocurrir que no desempeñen ninguna de ellas. De hecho, algunos humedales desempeñan funciones hidrológicas que pueden ser incompatibles con las necesidades del ser humano, como ocurre cuando crean zonas de aceleración de la escorrentía que incrementan el peligro de inundación aguas abajo. Por tanto, es esencial cuantificar las funciones de un humedal antes de valorarlo.

Para algunas personas la mera existencia de un humedal puede ser muy importante. Quienes se han criado en un humedal y han migrado a una ciudad, pueden tenerle mucho aprecio, pues forma parte de su patrimonio cultural, aunque no lo visiten.

En el apéndice 1 figuran más pormenores sobre los componentes, funciones y propiedades de los humedales, mientras que en el capítulo 2 éstos se examinan en un contexto de valoración económica.

1.4 Destrucción de humedales

Los humedales son sistemas dinámicos que cambian sin cesar como resultado de la acumulación de sedimentos o materia orgánica, la subsidencia, las sequías o el aumento del nivel del mar. Así, muchos humedales no son más que componentes temporales del paisaje y por ende es de prever que cambien y acaben por desaparecer y que al mismo tiempo se formen humedales nuevos en otros sitios. La actividad directa e indirecta del ser humano ha modificado sustancialmente el índice de transformación de los humedales. En algún grado hemos creado nuevos humedales artificiales construyendo embalses, canales y zonas de almacenamiento para casos de inundación. Con todo, se han destruido muchos más humedales de los que se han creado.

La opinión de que los humedales son tierras inservibles, que arranca de la ignorancia o apreciaciones erróneas del valor de sus bienes y servicios, ha redundado en su conversión para destinarlos a usos agropecuarios, industriales o residenciales intensivos. Las aspiraciones individuales de los agricultores o constructores ha estado respaldada por políticas y subvenciones gubernamentales. Además de la acción directa sobre la tierra, las obras de ingeniería fluvial han desviado aguas de los humedales por considerarse que allí se desperdicia o, en el mejor de los casos, tiene menos valor que si se la emplea para regar arrozales aguas arriba. Algunas organizaciones continúan interesándose por los humedales únicamente como posibles fuentes de tierras para alimentar a una población cada vez más numerosa, lo que normalmente exige alterar el sistema natural. La destrucción de humedales puede ser causada también por la contaminación, la eliminación de desechos, la minería o la extracción de aguas subterráneas.

Cuadro 1.1: Destrucción de humedales en Europa (CCE, 1995)

País

Período

Porcentaje destruido
Países Bajos

1950-1985

55

Francia

1900-1993

67

Alemania

1950-1985

57

España

1948-1990

60

Italia

1938-1984

66

Grecia

1920-1991

63


La pérdida de humedales es difícil de cuantificar porque se desconoce la superficie total de los humedales del mundo. No obstante, se cuenta con algunas cifras correspondientes a determinados países que dan una idea de la magnitud del problema. En los Estados Unidos se han destruido unos 87 millones de hectáreas de humedales, es decir, el 54 por ciento de los que existían originalmente en el país (Tiner, 1984), sobre todo para dedicar las tierras a la producción agropecuaria. El cuadro 1.1 (CCE, 1995), contiene cifras sobre la destrucción de humedales en seis países de Europa. Por otra parte, en Portugal cerca del 70 por ciento del Algarve Occidental ha sido convertido para promover el desarrollo agrícola e industrial (Pullan, 1988). La política de la Unión Europea es contraria a la destrucción o degradación de más humedales. En Filipinas, se destruyeron unas 300.000 hectáreas de manglares (el 67 por ciento del total), durante los 60 años transcurridos entre 1920 y 1980 (Zamora, 1984).

Cuadro 1.2: Incidencia de amenazas importantes para humedales de Asia, América Latina y el Caribe (CMMC, 1992), expresada como porcentaje de los sitios

Asia

América Latina y el Caribe

Caza y perturbaciones afines

32

30,5

Asentamientos humanos

27

Desecación para agricultura

23

19

Pertubaciones provocadas por la recreación

11,5

Recuperación para desarrollo urbano o industrial

10,5

Contaminación

20

31

Perturbaciones provocadas por la pesca y actividades conexas

19

10

Explotación forestal y silvicultura comerciales

17

10

Tala para uso doméstico

16

Degradación de la cuenca, erosión de suelos, sedimentación

15

Conversión en estanques acuícolas o salineras

11

Desvío de aguas

9

Pastoreo excesivo (ganado doméstico)

9


Para que el valor de un humedal disminuya no hace falta que sea destruido totalmente. Gamelsrød (1992), demostró que la producción de camarones en el Banco de Zofala (Mozambique), está relacionada con la escorrentía del Zambezi durante la estación húmeda. La construcción de grandes represas en el río ha provocado un descenso de la escorrentía y por ende de la producción de camarones. El autor ha calculado que las ganancias derivadas de la pesca de camarones podrían aumentar en 10 millones de dólares EE.UU. al año si se descargara adecuadamente el agua de la represa de Cabora Bassa que no se utiliza.

Existen ya muchos casos de restauración de humedales en que se han reconocido los efectos de la degradación de los mismos. La descarga deliberada de agua de represas para volver a anegar llanuras de aluvión degradadas (Acreman, 1994), es uno de los mecanismos de restauración disponibles. Éste se ha aplicado, por ejemplo, en los ríos Senegal, Kafue (Zambia), Logone (Camerún) y Phongolo (Sudáfrica) (Acreman y Hollis, 1996). Sin embargo, se trata de excepciones a la regla más bien que de lo contrario y todo indica que la presión para usar los humedales con fines de desarrollo está aumentando, especialmente en Asia, Africa y América Latina. Persiste pues, la fuerte necesidad de promover los beneficios de los humedales por conducto de organizaciones como la UICN-Unión Mundial para la Naturaleza y la Convención de Ramsar para fomentar su conservación y uso sostenible.

1.5 El papel de Ramsar en la conservación de los humedales

La Convención sobre los Humedales, conocida generalmente como Convención de Ramsar, la localidad iraní donde se aprobó en 1971, fue el primero de los modernos tratados inter-gubernamentales mundiales sobre conservación y uso racional de los recursos naturales.

La misión de la Convención de Ramsar (Ramsar, 1996) es la conservación y el uso racional de los humedales, a través de la acción a nivel nacional y mediante la cooperación internacional, a fin de contribuir al logro de un desarrollo sostenible en todo el mundo.

La Convención sirve de marco para la cooperación internacional y se elaboró a raíz de la preocupación despertada en el decenio de 1960 por el fuerte descenso de las poblaciones de aves acuáticas (sobre todo de patos). Entró en vigor en 1975 y hoy cuenta con más de 100 Partes Contratantes, que tienen el deber de llevar a cabo cuatro actividades principales. Se trata de las siguientes:

Así, la Convención juega un papel importante en la prevención de cambios perjudiciales en los humedales de los Estados que son partes en ella. La Convención recibe apoyo técnico en materia de conservación de humedales de organizaciones como la UICN-Unión Mundial para la Naturaleza y Wetlands International (un organismo nuevo creado mediante la fusión del International Wetland Research Bureau, el Asian Wetland Bureau y Humedales para las Américas). Sus logros importantes incluyen los siguientes:

La Convención de Ramsar reviste pues, una importancia fundamental para la conservación de los humedales del mundo.


2. Razón de ser de la valoración

Para llegar a entender por qué la valoración económica de los humedales puede ser importante para el manejo/gestión y las políticas de humedales en primer lugar es necesario analizar el papel que juega en la toma de decisiones concernientes al aprovechamiento de los recursos naturales en general y de los humedales en particular. En este capítulo planteamos que una de las principales causas de la disminución y conversión excesivas de los recursos de los humedales es con frecuencia que sus valores no comerciales no se tienen en cuenta adecuadamente en las decisiones concernientes al desarrollo. La valoración económica permite medir y comparar los distintos beneficios de los humedales y por ende puede servir de instrumento eficaz de facilitación y mejoraramiento del uso racional y el manejo/gestión de los recursos de los humedales del mundo.

2.1 El papel de la valoración económica en la toma de decisiones

Podemos definir la valoración económica como todo intento de asignar valores cuantitivos a los bienes y servicios proporcionados por recursos ambientales, independientemente de si existen o no precios de mercado que nos ayuden a hacerlo. Sin embargo, esta definición no es enteramente satisfactoria. En efecto, debemos ser más precisos respecto de lo que los economistas entienden por valor. El valor económico de cualquier bien o servicio suele medirse teniendo en cuenta lo que estamos dispuestos a pagar por él menos lo que cuesta proveerlo. Cuando un recurso ambiental existe pura y simplemente y nos proporciona bienes y servicios sin costo alguno, lo único que expresa el valor de los bienes y servicios que aporta es nuestra disposición a pagar por ellos, independientemente de si realmente pagamos algo o no.

En esas circunstancias, ¿qué sentido tiene valorar los recursos ambientales? La respuesta a esta pregunta es que si bien sabemos intuitivamente que dichos recursos pueden ser importantes, esto tal vez no baste para garantizar su uso racional. Muchos recursos ambientales son complejos, plurifuncionales y proporcionan una gran variedad de bienes y servicios cuyos efectos en el bienstar del hombre no saltan a la vista. En algunos casos puede ser útil agotar o degradar recursos ambientales, mientras que en otros puede convenir atesorarlos. La valoración económica nos proporciona instrumentos que ayudan a tomar las difíciles decisiones que tales situaciones exigen.

La degradación o pérdida de recursos ambientales constituye un problema económico porque trae aparejada la desaparición de valores importantes, a veces de forma irreversible. Cada alternativa o camino susceptible de seguirse respecto de un recurso ambiental – conservarlo en su estado natural, dejar que se degrade o convertirlo para destinarlo otro uso – redunda en pérdidas o ganancias de valores. Sólo se puede decidir como usar un recurso ambiental determinado y, en definitiva, si los índices actuales de destrucción del mismo son ‘excesivos’, si estas ganancias y pérdidas se analizan y evalúan correctamente. Esto plantea la necesidad de analizar detenidamente todos los valores susceptibles de ganarse o perderse destinando el recurso a los distintos usos que admita.

Por ejemplo, conservar una zona en su estado natural entraña gastos de conservación directos por concepto de establecimiento de una zona protegida, y en los países en desarrollo éstos pueden abarcar la contratación de vigilantes y guardabosques e incluso gastos por concepto de creación de ‘franjas de separación’ entre aquélla y las comunidades locales. Optar por la conservación supone renunciar a las distintas alternativas de desarrollo y los correspondientes beneficios del desarrollo sacrificados representan costos adicionales de la conservación. Estos costos se pueden determinar fácilmente, pues suelen abarcar productos comercializables y un lucro cesante (por ejemplo, tratándose de humedales, ingresos derivados de la pesca o la agricultura de subsistencia). Por tanto, no llama la atención que al decidir si mantener un recurso ambiental en su estado natural o manejarlo/gestionarlo, los gobiernos y los donantes acostumbren tomar en consideración los costos totales de la conservación, es decir, los costos directos, más los beneficios del desarrollo sacrificados.

Sin embargo, debería adoptarse el mismo enfoque para evaluar las distintas opciones de desarrollo del recurso ambiental. Por ejemplo, si se piensa convertirlo para destinarlo a otro uso, es preciso incluir en los costos de esta modalidad de desarrollo no sólo los costos directos de conversión, sino también los valores sacrificados, es decir, los que el recurso dejará de poseer una vez transformado. Estos costos pueden incluir no sólo la pérdida de funciones ambientales importantes, sino también – cuando se trata de sistemas de recursos complejos, como los humedales – muchos recursos biológicos y valores recreativos importantes. Desafortunadamente, muchos de estos valores de los recursos ambientales naturales o manejados/gestionados no se compran ni venden en los mercados y por ende suelen desestimarse en las decisiones públicas y privadas concernientes al desarrollo.

Por ejemplo, es posible que el valor de mercado de los recursos ambientales convertidos para aprovecharlos con algún fin comercial no reflejen los beneficios ambientales perdidos. De ahí que las decisiones en materia de desarrollo tiendan a menudo a favorecer sistemáticamente los usos de los recursos ambientales que sí se convierten en productos comercializados. El hecho de que los costos económicos de la conversión o degradación de recursos ambientales no se tengan en cuenta en mayor grado, es pues una de las principales causas de la formulación de políticas de desarrollo inapropiadas, lo que redunda en un exceso de conversión o explotación de los mismos. Como este fallo de las decisiones privadas y públicas concernientes a la utilización de los recursos ambientales es un fenómeno generalizado, particular-mente en el caso de los recursos de los humedales, es necesario evaluar más a fondo los beneficios económicos netos derivados de los distintos usos de los humedales.

La valoración es sólo un aspecto de los esfuerzos por mejorar el manejo/gestión de los recursos ambientales, como por ejemplo los humedales. Al mismo tiempo, los decisores deben tener en cuenta muchos intereses contrapuestos a la hora de determinar la forma óptima de utilizar los humedales. La valoración económica puede contribuir a informar tales decisiones, siempre que los decisores sean conscientes de sus limitaciones y objetivos generales.

El principal objetivo de la valoración como medio de facilitar la toma de decisiones en materia de manejo/gestión suele consistir en poner de manifiesto la eficiencia económica global de los distintos usos contrapuestos de los recursos de los humedales. En otras palabras, la premisa subyacente es que los recursos deben asignarse a los usos que reporten ganancias netas a la sociedad, lo que se evalúa comparando los beneficios económicos de cada uso menos sus costos. Quién gana y quién pierde en la práctica como resultado de un uso determinado de un humedal no es una cuestión que forme parte del criterio de la eficiencia en sí. Por tanto, un uso que reporte un beneficio neto apreciable será considerado muy provechoso desde el punto de vista de la eficiencia, aunque los principales beneficiarios no sean forzosamente quienes asuman los costos que ocasione. De ser así, puede que ese uso en particular sea eficiente y que al mismo tiempo tenga importantes efectos distributivos negativos. En consecuencia, a menudo es importante evaluar las políticas de manejo/gestión de los humedales o de inversión en ellos teniendo en cuenta no sólo su eficiencia, sino también sus efectos en la distribución.

La valoración económica tampoco es una panacea para quienes toman las difíciles decisiones concernientes al manejo/gestión de los recursos de los humedales. Con demasiada frecuencia los decisores determinan a priori qué estrategia de manejo/gestión de los humedales aplicar – convertirlos o conservarlos – y sólo les interesa que la valoración confirme esa decisión a posteriori. En tales circunstancias la valoración económica contribuye en escaso grado a informar el proceso decisorio y no desempeña ninguna función útil. A veces ocurre todo lo contrario, es decir, que los decisores esperan lo imposible de la valoración. Uno de los mayores obstáculos para valorar un sistema ambiental complejo, como por ejemplo un humedal, es la falta de información suficiente sobre importantes procesos ecológicos e hidrológicos que sirven de base a los distintos valores generados por el humedal. Si no se cuenta con esta información (lo que ocurre a menudo en el caso de muchos valores ambientales no comercializados cuya determinación puede considerarse importante), los encargados de la valoración tienen el deber de estimar en forma realista su capacidad de determinar los beneficios ambientales clave. Análogamente, los decisores deben ser conscientes de que en esas circunstancias no cabe prever que la valoración aporte estimaciones realistas de los valores ambientales no comercializados, a menos que se asignen más horas de trabajo, recursos y esfuerzos para realizar nuevas investigaciones científicas y económicas.

Por último, la valoración económica va dirigida en definitiva a asignar los recursos de los humedales de forma que incrementen el bienestar del ser humano. De ahí que los distintos beneficios ambientales de los humedales se midan teniendo en cuanta su contribución al suministro de bienes y servicios útiles para la humanidad. Con todo, es posible que algunos miembros de la sociedad sostengan que ciertos sistemas de humedales y los recursos vivos que contienen poseen en sí mismos un valor adicional preeminente, además de la contribución que puedan hacer a la satisfacción de las necesidades o preferencias del ser humano. Desde esta óptica, la conservación de los recursos de los humedales plantea un deber moral más bien que una cuestión de eficiencia o asignación equitativa. A veces existen otros motivos para manejar/gestionar los humedales de determinada manera, como por ejemplo motivos políticos. Por tanto, los valores económicos sólo representan una de las variables que intervienen en la toma de decisiones, juntamente con otras consideraciones importantes. La finalidad de este texto es ayudar a los planificadores y decisores a conseguir que la valoración económica contribuya en mayor grado a la toma de decisiones.

2.2 Valores económicos de los humedales

Para que los investigadores valoren los usos de los humedales y los decisores los tengan en cuenta al elaborar políticas que afecten a los humedales, se necesita un marco para diferenciar y clasificar sus valores. El concepto de valor económico total aporta este marco y cada vez más personas comparten la opinión de que es el que más conviene emplear. Dicho en términos sencillos, la valoración económica total distingue entre valores de uso y valores no de uso, siendo estos últimos los valores actuales y venideros (potenciales) relacionados con un recurso ambiental que descansan únicamente en su existencia continua y nada tienen que ver con su utilización (Pearce y Warford, 1993). Por regla general, los valores de uso suponen alguna interacción del hombre con el recurso, lo que no ocurre en el caso de los valores no de uso. El cuadro 2.1 contiene ejemplos de aplicación del marco de valoración económica total a algunos humedales.

Cuadro 2.1: Valoración económica total de humedales – Clasificación

VALORES DE USO

VALORES NO DE USO

Valor de uso directo

Valor de uso indirecto

Valor de opción/ cuasiopción

Valor de existencia

pesca

agricultura

leña

recreación

transporte

explotación de la fauna y flora silvestres

turba/energía

retención de nutrientes

control de crecidas/ inundaciones

protección contra tormentas

recarga de acuíferos

apoyo a otros ecosistemas

estabilización del microclima

estabilización de la línea de costa, etc.

posibles usos futuros (directos e indirectos)

valor de la información en el futuro

biodiversidad

cultura, patrimonio

valores de legado

Fuente: adaptado de Barbier (1989b, 1993, 1994) y Scodari (1990).

Los valores de uso se dividen en directos e indirectos. Aquéllos nos resultan más familiares y corresponden a la pesca, la recogida de leña y el uso de los humedales con fines recreativos. En el cuadro 2.1 se mencionan otros. Los usos directos pueden entrañar actividades comerciales y no comerciales. Algunas de estas últimas suelen ser importantes desde el punto de vista de las necesidades de subsistencia de las poblaciones locales en los países en desarrollo o para la práctica de deportes o la recreación en los países desarrollados. Los usos comerciales pueden ser importantes tanto para los mercados nacionales como para los internacionales. En general, es más fácil medir el valor de los productos (y servicios) comercializados que el de los usos directos no comerciales y de subsistencia. Según se indicó anteriormente, este es uno de los motivos por los que los decisores a menudo no tienen en cuenta estos usos no comerciales informales y de subsistencia de los humedales en muchas decisiones concernientes al desarrollo.

Por contraste, diversas funciones ecológicas reguladoras de los humedales pueden poseer importantes valores de uso indirectos. Éstos se derivan del sustento o protección que dan a actividades económicas con valores directamente mensurables. El valor de uso indirecto de una función ambiental se relaciona con la variación del valor de la producción o el consumo de la actividad o los bienes que sustenta o protege. Sin embargo, como esta contribución no se comercializa ni remunera y sólo se relaciona indirectamente con actividades económicas, estos valores de uso indirectos son difíciles de cuantificar y no suelen tenerse en cuenta en las decisiones concernientes al manejo/gestión de los humedales. Por ejemplo, es posible que las funciones de protección contra las tormentas y estabilización del litoral desempeñadas por los humedales tengan un valor de uso indirecto porque reducen determinados daños materiales, pese a lo cual los sistemas de humedales costeros o fluviales se desecan a menudo para construir más edificios en las costas y riberas. Es sabido que los ecosistemas de manglares son sitios de reproducción y cría de camarones y peces esenciales para la pesca costera y marina, a pesar de lo cual en muchas regiones del mundo estos importantes hábitat están siendo convertidos actualmente a un ritmo acelerado para destinarlos a la acuicultura, sobre todo mediante su transformación en criaderos de camarones. Las llanuras de aluvión naturales pueden recargar aguas subterráneas empleadas en la explotación agrícola de las tierras secas y la ganadería, así como en los hogares e inclusive en la industria, pese a lo cual muchas de ellas están amenazadas por represas y otros muros de contención que desvían el agua para riego o abastecimiento de agua corriente arriba.

El valor de opción pertenece a una categoría especial y arranca de las dudas que una persona puede abrigar respecto de sus necesidades futuras de un recurso y/o de si estarán disponibles en un humedal más adelante. En la mayoría de los casos el método preferido para incorporar estos valores en el análisis consiste en comparar los resultados de evaluaciones a priori y a posteriori [nota 2].  Si alguien desconoce el valor que un humedal tendrá en el futuro, pero piensa que tal vez sea alto o que la explotación o conversión en curso del mismo podría ser irreversible, es posible que el retraso de las actividades de desarrollo traiga aparejado un valor de cuasiopción. Éste equivale pura y simplemente al valor previsto de la información que se puede obtener aplazando la conversión y explotación del humedal. Muchos economistas piensan que el valor de cuasiopción no es un componente separado del beneficio; sea como fuere, lleva al analista a tomar debidamente en cuenta lo que implica obtener información adicional [nota 3].

En cambio, hay personas que no utilizan los humedales en la actualidad, pero estiman de todos modos que deben ser conservados ‘por derecho propio’. Este valor ‘intrínseco’ se denomina a menudo valor de existencia. Se trata de un valor no de uso extremadamente difícil de medir, pues dimana de apreciaciones subjetivas ajenas al uso actual o potencial propio o de terceros. Los valores de legado constituyen un importante subconjunto de valores no de uso o conservación que arrancan de la práctica de ciertas personas de asignar un alto valor a la conservación de los humedales para que sean utilizados por las generaciones venideras. Los valores de legado pueden ser particularmente altos entre las poblaciones que utilizan un humedal en la actualidad, pues aspiran a transmitir tanto el humedal como la forma de vida que han desarrollado en asociación con él a sus herederos y a las generaciones venideras en general. Si bien existen pocos estudios sobre los valores no de uso relacionados con los humedales (en la sección 4.3, se puede consultar un ejemplo, a saber, el estudio de caso sobre los Norfolk Broads), las campañas orquestadas por las organizaciones no gubernamentales del Reino Unido y América del Norte para reunir fondos a fin de apoyar la conservación de los humedales tropicales permiten entrever sus magnitudes [nota 4]. Por ejemplo, hace algunos años la Royal Society for the Protection of Birds (RSPB) del Reino Unido reunió 500.000 libras esterlinas (800.000 dólares EE.UU.), gracias a una campaña postal consistente en pedir a sus miembros que aportaran fondos por una sola vez para ayudar a salvar los humedales de Hadejia-Nguru de Nigeria septentrional en África Occidental [nota 5].

2.3 Causas de la infravaloración de los recursos y sistemas de humedales en la toma de decisiones concernientes al desarrollo

En síntesis, el carácter de los valores relacionados con los recursos de los humedales incrementa sustancialmente las posibilidades de que se adopten decisiones desacertadas en lo referente a su asignación. Los humedales son recursos plurifuncionales por antonomasia. No sólo nos suministran productos importantes (por ejemplo, pescado, leña, fauna y flora silvestres), sino que además desempeñan un número inusitadamente elevado de funciones ecológicas que sustentan la actividad económica. Muchos de éstos últimos servicios no se comercializan, es decir, que no se compran ni venden, pues el apoyo que dan a dicha actividad es indirecto, lo que hace que generalmente no se reconozca. En el caso de los recursos de los humedales tropicales, muchos usos de subsistencia tampoco se comercializan y por ende a menudo se hace caso omiso de ellos en las decisiones concernientes al desarrollo.

Algunos servicios ecológicos, recursos biológicos y valores recreativos aportados por los humedales poseen cualidades propias de lo que los economistas denominan bien público; en consecuencia, aun en el caso de que existiera la voluntad de comercializarlos, sería prácticamente imposible hacerlo [nota 6]. Por ejemplo, si un humedal sustenta una valiosa diversidad biológica todos tienen la posibilidad de beneficiarse de dicho servicio y nadie puede ser excluido del mismo. Tales situaciones hacen que resulte extremadamente difícil cobrar por el servicio, ya que es posible beneficiarse de él independientemente de si se paga o no. En esas circunstancias, lo más probable es que los servicios de los humedales se infravaloren.

Algunos de los problemas derivados de las características de los recursos de los humedales propias de los bienes públicos carecerían de importancia si fuera posible gozar de todos los beneficios de los humedales simultáneamente sin que los distintos usos entraran en conflicto. Si todos los posibles valores de uso se acumularan en el contexto de una situación de uso múltiple irrestricto como la citada, probablemente se reconocería la importancia de conservar los humedales en su estado natural o seminatural. Sin embargo, existen conflictos e incompatibilidades intrínsecos entre muchos usos de los humedales, inclusive cuando se mantienen en un estado relativamente natural (Turner, 1991). Por ejemplo, es posible que no se pueda manejar/gestionar un humedal como zona recreativa o de pesca comercial y emplearlo al mismo tiempo para tratar aguas residuales. Aun cuando este último uso sea más valioso, dado su carácter no comercial y de bien público, es improbable que su valor se refleje en las decisiones del mercado automáticamente. Si la política oficial autoriza a quienes responden a las señales del mercado a decidir como se han de utilizar los humedales – la denominada solución de ‘libre mercado’ – es poco probable que el humedal se emplee para tratar aguas residuales. La infravaloración consiguiente de una función ecológica clave puede redundar pues, una vez más, en usos inapropiados de los humedales.

Un humedal y sus recursos pueden ser también infravalorados y por ende asignados desacertadamente a causa del régimen de propiedad que rija el acceso al mismo y su utilización. Por ejemplo, el régimen puede ser de acceso libre, es decir, de no aplicación de norma alguna, lo que da cabida a la utilización de sus recursos por todos al margen de toda reglamentación. Otra posibilidad es que unas prescripciones no oficiales y tradicionales regulen su uso como bienes comunes o comunales. Por último, la base de recursos de los humedales puede ser propiedad del Estado o de particulares (Bromley, 1989). Cada régimen de derechos de propiedad puede someter la explotación de los recursos a condiciones muy diferentes. Por ejemplo, cuando el acceso a los recursos es libre suelen explotarse en exceso y por ende los valores de uso observados pueden ser muy bajos. En consecuencia, si los esfuerzos por valorar los recursos ambientales descansan en meras observaciones de los índices de uso actuales y no tienen en cuenta el entorno institucional, es posible que se infravaloren. Esto puede revestir especial importancia en caso de modificación oficiosa del orden institucional, como ocurre cuando los sistemas indígenas de propiedad común se reimplantan tras un período de desuso, o cuando se decide introducir cambios en el marco de un proyecto o programa que afecte a un humedal, como ocurre cuando la tierra se privatiza o nacionaliza repentinamente.

Cuando está en juego la conversión total de una zona de humedales, su infravaloración puede representar un problema grave. Según se indicó en las secciones anteriores, el desarrollo o la conversión de un humedal tiende a generar productos comercializables; en cambio, el hecho de mantenerlo en su estado natural o de gestionarlo suele redundar en la conservación de los bienes y servicios que no se comercializan [nota 7]. Esta dicotomía lleva a menudo a amplios sectores a pensar que el uso más provechoso de los humedales consiste en desarrollarlos (por ejemplo, con vistas a la explotación agropecuaria, la creación de criaderos de peces o la construcción de instalaciones comerciales o viviendas). Como tales actividades generan asimismo ingresos públicos, no llama la atención que los decisores respalden también la conversión de humedales para destinarlos a usos ‘comerciales’.

Aun cuando el objetivo primoridal de la conversión y explotación de los humedales no sea recaudar fondos públicos, por regla general se piensa que la agricultura, la acuicultura, la construcción y otras actividades de conversión son importantes para el desarrallo económico y el crecimiento regional. Se observa que existen ‘vínculos’ importantes entre estas actividades y otros sectores, sobre todo con la industria manufacturera y la construcción, y que pueden crear los puestos de trabajo que tanto se necesitan en las regiones desprovistas de otras perspectivas industriales. Estos argumentos son convincentes y llevan a los planificadores y decisores de muchos países a respaldar la conversión de humedales a costa de otros valores de los mismos. En cambio, es posible que las funciones ecológicas y los valores recreativos de los humedales naturales o manejados/gestionados que no se comercializan generen pocos beneficios secundarios, y que incluso sustituyan actividades generadoras de puestos de trabajo (por ejemplo, tratamiento de aguas, control de crecidas/inundaciones y protección contra tormentas) o que exijan invertir fondos públicos de por sí escasos (por ejemplo, servicios para turistas y carreteras para uso recreativo). Además, algunos humedales pueden acarrear efectos externos negativos (como ocurre cuando alojan vectores de enfermedades, tales como el mosquito que transmite el paludismo), que pueden ser reconocidos, al tiempo que se hace caso omiso de otras funciones de apoyo indirectas.

En resumen, la infravaloración de los recursos y funciones de los humedales es una de las principales causas del aprovechamiento desacertado de los sistemas de humedales – a a menudo mediante su conversión o la realización de actividades de explotación que reportan ganancias e ingresos inmediatos. La valoración económica puede aportar a los decisores la información clave sobre los costos y beneficios de los usos alternativos de los humedales sin la cual no se tendrían en cuenta en las decisiones concernientes al desarrollo. En el capítulo 3 figura un marco general de valoración de los humedales cuya finalidad es ayudar a los decisores a evaluar los beneficios económicos netos de los usos alternativos de los humedales.

2.4 Motivos por los que Ramsar asigna importancia a la valoración

Los principios de la Convención de Ramsar descansan en un concepto clave, a saber, que los humedales son muy valiosos. Para conseguir conservar los humedales hay que demostrar que son valiosos y, en algunos casos, que son más valiosos que otros usos que se proponga dar a los mismos o a las aguas que los alimentan. En armonía con ello, se pide a las Partes Contratantes que incluyan los valores físicos y sociales de los humedales en la información que han de aportar con vistas a su incorporación en la Lista de Humedales de Importancia Internacional. Además, las Partes Contratantes se han comprometido a no poner en marcha planes que puedan afectar a los humedales sin antes evaluar su impacto ambiental y a asignar especial importancia al mantenimiento de los valores de los humedales.

Para apoyar a las Partes Contratantes en esta tarea, la Convención ha decidido promover la elaboración, difusión y utilización amplias de documentos encaminados a orientar las valoraciones económicas de los bienes y servicios de los humedales en el marco de la aplicación de su Plan Estratégico 1997-2002. Este documento ofrece pues, orientaciones específicas sobre las técnicas de valoración económica y el aprovechamiento de los estudios de evaluación en las políticas nacionales de humedales, los planes regionales, las evaluaciones del impacto ambiental y el manejo/gestión de cuencas fluviales.


3. Marco analítico para valorar humedales

En este capítulo elaboramos un marco general para evaluar los beneficios económicos netos de los usos alternativos de los humedales [nota 8]. Lo ideal es que cualquier evaluación redunde en una valoración económica de todos los beneficios y costos relacionados con cada uno de los posibles usos objeto de examen. La metodología de evaluación expuesta en el presente capítulo está en armonía con la técnica económica denominada análisis costo-beneficio. No obstante, como las insuficiencias de los datos reducen a menudo la capacidad del analista de valorar muchas funciones y recursos ambientales, en tales casos es preciso modificar la metodología de evaluación para que aporte la información que más facilite la toma de decisiones. En el apéndice 2 se describen otros métodos de evaluación, tales como el análisis costo-eficacia y el análisis de criterios múltiples.

Uno de los métodos que no se examina en el apéndice 2 es el basado en el Criterio de Mínima Seguridad (CMS). Esta técnica es pertinente cuando pueden estar en juego recursos singularísimos de humedales, en cuyo caso tal vez convenga proceder con cautela para evitar a la sociedad posibles pérdidas importantes de carácter irreversible (véase el recuadro 3.1). Evidentemente, no todos los problemas de manejo/gestión de los humedales hacen necesario aplicar el CMS, pero si esto ocurre los analistas pueden modificar el análisis costo-beneficio convencional según corresponda. Cualquiera que sea el método elegido, es necesario aplicar un enfoque interdisciplinario en casi todas las etapas de la evaluación; en particular, esto es sinónimo de colaboración entre economistas y ecólogos. En el diagrama 3.1 aparece una sinopsis del marco analítico general de valoración económica de los humedales [nota 9].

Recuadro 3.1: Aplicación del principio de precaución a las decisiones concernientes a los humedales

En caso de duda a la hora de tomar decisiones respecto de la pérdida de recursos singularísimos de humedales, tales como la diversidad biológica, a veces conviene aplicar métodos de análisis distintos del método costo-beneficio. De ser así, las normas decisorias pertinentes deben reconocer que no se conocen todos los posibles costos y beneficios del uso o la conversión de humedales ni la probabilidad de que se produzcan, pues si bien es posible que la información pertinente llegue a conseguirse con el tiempo, no está disponible de momento, pese a lo cual en el ínterin hay que tomar decisiones importantes en materia de conversión o conservación de recursos únicos de humedales. Si la norma decisoria adoptada en tales situaciones va dirigida a evitar riesgos (errar en favor de la cautela), es preciso aplicar el principio de precaución. La adopción de decisiones en materia de manejo/gestión con arreglo a esta norma indica que la sociedad puede estar dispuesta a pagar una prima para conservar unos recursos cuyo valor total posiblemente no se conozca o aprecie, tal como hacemos cuando contratamos un seguro personal. En este caso, es posible que la sociedad desee tomar las medidas necesarias para conservar importantes recursos de humedales, siempre que la ‘prima’ o costo no sea demasiado alto. Lo más probable es que este umbral se procure determinar con arreglo al criterio de ruducir los costos al mínimo, pero no es una tarea fácil. La aplicación del principio de precaución salta a la vista en el Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que pueden dañar la capa de ozono y en la Declaración de la Tercera Conferencia Ministerial sobre el Mar del Norte relativa a las sustancias potencialmente tóxicas (O’Riordan y Cameron, 1994).

El argumento en pro de la aplicación del principio de precaución descansa en un dilema, a saber, que desconocemos los riesgos inherentes a la inacción y la magnitud de las pérdidas que puede ocasionar. Suponemos que pueden ser considerables y que si no conservamos los recursos clave de los humedales podemos dejar de percibir beneficios importantes o sufrir fuertes pérdidas. Esto explica la aseveración de que el peso de la prueba debe ser transferido a quienes se oponen a un nivel seguro de conservación de los humedales importantes. Desde esta óptica, puede decirse que los costos de oportunidad de aplazar o prohibir la conversión de humedales singularísimos forma parte de la prima del seguro que estamos dispuestos a pagar para conservar dichos humedales para el futuro.

El desconocimiento de las posibles pérdidas relacionadas con la conversión de un humedal y su magnitud exige que busquemos métodos de evaluación sustitutivos o complementarios del análisis costo-beneficio tradicional (Tisdell, 1990). Uno de los métodos compatibles con el principio de precaución es el del Criterio de Mínima Seguridad (de conservación) (Safe Minimum Standard of conservation), enunciado por primera vez en Ciriacy-Wantrup (1952). La expresión se empleó originalmente para designar una estrategia de conservación aplicable a especies silvestres que pierden la capacidad de recuperarse cuando el número de individuos cae por debajo de un umbral crítico (población mínima viable). Su finalidad era garantizar que por lo menos se mantuviera esa población mínima, siempre que los costos no fueran prohibitivos. Este enfoque podría aplicarse también a los recursos únicos de humedales, sobre todo si se emplea en conjunción con el análisis costo-beneficio tradicional (Tisdell, 1990). El CMS suele describirse como una técnica decisoria basada en la teoría de las apuestas de juego, que se puede adaptar fácilmente a situaciones en que se desconoce la probabilidad de que se registren ganancias o pérdidas (Bishop, 1978; Ready y Bishop, 1991). La teoría de las apuestas es pues, un marco útil para analizar problemas relacionados con humedales únicos.


Este proceso de evaluación se divide en tres etapas de análisis, a saber:

Primera etapa – Determinación del problema y elección del enfoque de evaluación económica apropiado.

Segunda etapa – Determinación del alcance y los límites del análisis, así como de la información necesaria para aplicar el enfoque elegido.

Tercera etapa – Determinación de los métodos de recogida de datos y las técnicas de valoración que la evaluación económica, inclusive cualquier análisis de los efectos distributivos, requiera.

La primera etapa es necesaria para determinar el enfoque apropiado para evaluar el humedal de que se trate. La finalidad de la segunda es determinar qué información hace falta para aplicar el enfoque de evaluación elegido. En la tercera cabe escoger los métodos de evaluación económica y las técnicas de valoración apropiados. Las tres etapas de análisis deberían redundar en una valoración económica del humedal que indique a los decisores si se ha de seguir o no la línea de acción examinada.

Aun cuando dé la impresión de que las tres etapas son sucesivas, que es también la impresión que da el diagrama 3.1, en la práctica la evaluación supone un proceso iterativo o de ‘realimentación’. En otras palabras, en cualquier etapa del proceso se puede plantear la necesidad de volver atrás para revisar el procedimiento de evaluación, mejorar el análisis, revisar las conclusiones sobre la información requerida, etc. Es posible que haga falta volver atrás varias veces antes de que la valoración económica se ultime.

Diagrama 3.1: Marco analítico para la valoración económica de humedales

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Fuente: adaptación del que aparece en IIED (1994)

El proceso en tres etapas esbozado en el diagrama 3.1 va dirigido a calcular los valores económicos de los humedales. Todos los valores de los humedales examinados deben reflejar la verdadera ‘disposición’ de la sociedad a ‘pagar’ por sus beneficios. Esto exige determinar el valor económico real de unos beneficios que no suelen comercializarse y ajustar los precios de mercado de algunos bienes y servicios de los humedales teniendo en cuenta las distorsiones derivadas de las políticas oficiales o las imperfecciones del mercado. No obstante, a veces la falta de datos o recursos puede reducir el análisis a una evaluación financiera. Los precios de mercado ‘no ajustados’ sólo se pueden emplear para valorar los bienes y servicios que se comercializan. En ambos casos se acostumbra aplicar un descuento a los valores anuales para determinar un valor actual. Esto significa que el analista ha de fijar una tasa de descuento (véase el recuadro 3.2). En algunos casos el análisis puede quedar reducido a una evaluación física, que no permite determinar los valores financieros ni económicos, aunque a veces es posible precisar los cambios físicos experimentados por los bienes y servicios de los humedales o de cualesquiera impactos ambientales.

En las páginas siguientes se describen las tres etapas del proceso de evaluación bajo la hipótesis de que su finalidad es llevar a cabo una valoración económica total.

3.1 Primera etapa: determinación del problema y del método de evaluación

En la primera etapa del proceso de evaluación se determina el objetivo o problema general. Como se indica en el diagrama 3.1, el tipo de enfoque de evaluación económica elegido dependerá directamente del problema que el analista tenga ante sí.

El análisis económico de los humedales guarda relación con tres grandes categorías de cuestiones, cada una de las cuales corresponde a un método de evaluación económica determinado. Según se indica en el diagrama 3.1, se trata de los siguientes:

análisis del impacto o evaluación de los daños causados a un humedal por un impacto ambiental externo específico (v. gr., derrames de petróleo en un humedal costero);

valoración parcial o evaluación de dos o más usos alternativos de humedales (v. gr., si desviar agua de humedales para destinarla a otros usos o convertir/ desarrollar una parte de los mismos a costa de otros usos);

valoración total, es decir, la evaluación de las contribuciones económicas totales o beneficios netos reportados a la sociedad por el sistema del humedal (v. gr., para contabilizar el ingreso nacional o determinar su valor como zona protegida).

La ventaja de este marco estriba en su flexibilidad, pues los datos y el análisis pueden adaptarse a las necesidades específicas de los decisores. Por ejemplo, si lo que interesa es el impacto externo de una actividad determinada, puede que no haga falta valorar otros usos del suelo. Análogamente, si los decisores sólo quieren comparar los costos y beneficios relativos de tan sólo un pequeño número de propuestas alternativas, tal vez no haga falta estimar el valor económico total de todos los posibles usos de los humedales.

Antes de examinar las etapas segunda y tercera del proceso de evaluación, conviene describir sucintamente los métodos de evaluación citados.

Recuadro 3.2: Tiempo y descuento en la valoración económica

Cuando interviene más de un período de tiempo, los economistas pueden evaluar los costos y beneficios de dos maneras. La primera consiste en tener en cuenta que las personas no reaccionan del mismo modo frente a los beneficios y costos actuales y los futuros. En general, se observa que preferimos sufragar los costos a plazo y embolsar los beneficios cuanto antes (véase un análisis crítico de este método en Price, 1993). Este fenómeno se denomina preferencia temporal y tiene un equivalente en las instituciones financieras, que deben pagar intereses sobre los depósitos para devolverlos con creces al cabo de un tiempo a cambio del derecho a usarlos en el ínterin. Para dar cabida a la preferencia temporal en los estudios de valoración y costo-beneficio, los economistas aplican una tasa de descuento a fin de ponderar los beneficios y costos de distintos períodos, como si se tratara de intereses sobre cuentas bancarias. Dado que preferimos disponer de una suma de dinero ahora en lugar de recibirla más adelante, atribuimos una ponderación mayor a los valores actuales que a los remotos. Para ello se aplica el factor de descuento correspondiente a la tasa de descuento elegida. Ponderando una serie de costos y beneficios y luego sumándolos se obtiene su valor actual. Una vez calculados los valores actuales de los costos y beneficios, la diferencia entre ambos da el valor actual neto, que se emplea como indicador de la viabilidad económica de un proyecto.

El segundo método consiste en analizar el costo de oportunidad del capital invertido en un proyecto, es decir, las ganancias que el capital hubiese producido de haberse invertido en la siguiente mejor alternativa disponible. Estas ganancias sacrificadas representan el costo del capital asignado al proyecto objeto de examen y para que éste se considere viable, debe reportar unos beneficios netos (los beneficios menos los costos), de un monto por lo menos equivalente al de los beneficios sacrificados citados. En otras palabras, a la hora de ponderar los beneficios y costos en distintos períodos, el costo de oportunidad del capital se emplea como tasa de descuento para determinar los beneficios que el proyecto debe reportar para que tenga sentido invertir en él.

El tipo de descuento elegido dependerá en parte de si se emplea el método de la preferencia temporal o el del costo de oportunidad del capital, pero es una cuestión controvertida. Por otra parte, algunos investigadores sostienen que la tasa de descuento debe ser alta, ya que muchos proyectos son perjudiciales para el medio ambiente, por lo que han de ser penalizados; en cambio, otros alegan que no se ha de aplicar tasa de descuento alguna a fin de dar cabida al factor sostenibilidad y a los intereses de las generaciones venideras. Los efectos de los proyectos en el medio ambiente varían muchísimo y por ende cabe prever que la tasa de descuento varíe también según las circunstancias. No obstante, esto crea problemas, ya que suele ser preferible aplicar la misma tasa a todos los proyectos evaluados para que los resultados sean coherentes y se puedan comparar. Si se procede de esta manera (la alternativa sería determinar una tasa de descuento distinta para cada proyecto), el impacto global en el medio ambiente de la aplicación de tasas de descuento altas o bajas se vuelve ambiguo. Por ejemplo, si la tasa de descuento aplicada es elevada, desalienta la aprobación de los proyectos perjudiciales para el medio ambiente y la inversión, y por ende reduce el índice de explotación de los recursos naturales, pero a costa de atribuir al consumo de la generación actual una ponderación mayor que al de las venideras (Pearce, Markandya y Barbier, 1989). Esto explica el que cada vez más personas compartan la opinión de que no se debe introducir ajuste alguno en la tasa de descuento vigente en la economía en su conjunto a la hora de calcular los valores ambientales y de que es necesario aplicar otras técnicas para ajustar los resultados de forma que tengan en cuenta cualesquiera condiciones especiales relacionadas con los costos y beneficios ambientales (Markandya y Pearce, 1988).


Análisis del impacto

Este método es especialmente pertinente cuando se trata de analizar situaciones en que la alteración de un humedal determinado tiene repercusiones ambientales específicas [nota 10]. Por ejemplo, supongamos que un humedal estuarino está siendo contaminado por derrames periódicos de petróleo y que esto afecta a la producción pesquera y a la calidad del agua in situ. Las pérdidas de valores del humedal derivadas de los daños ocasionados al ecosistema y sus recursos representan los costos de esta actividad. Tales daños equivalen a las pérdidas de beneficios netos de la producción (es decir, los beneficios económicos de la producción menos los costos), derivadas de los impactos de los derrames de petróleo en la pesca, más las pérdidas de beneficios ambientales netos reflejadas en el suministro de agua de menor calidad a los asentamientos del humedal y las zonas adyacentes, así como en el funcionamiento general del ecosistema. Por tanto, si evaluamos y valoramos estas pérdidas, podemos estimar las pérdidas de beneficios ambientales y de producción netas provocadas por los derrames de petróleo. El costo total de este impacto perjudicial para el humedal equivale a los beneficios netos sacrificados.

Lo que el análisis del impacto nos dice, básicamente, es que la explotación del petróleo impone costos externos al sistema del humedal. Estos costos ex situ deben compararse con el aumento de los beneficios netos del incremento de la producción de petróleo, pues sus verdaderos beneficios netos sólo se pueden determinar evaluando y valorando las pérdidas externas provocadas por el descenso de la calidad del agua y de las capturas de peces en el humedal (véase el recuadro 3.5). Aun cuando los beneficios netos del aumento de la producción de petróleo excedan de los costos de los impactos o de los derrames de petróleo, puede ser importante medir sus repercusiones en el humedal a fin de determinar si conviene invertir recursos para luchar contra la contaminación.

Recuadro 3.3: Ejemplos de aplicación del método del análisis del impacto a la valoración económica

En Dixon y Hufschmidt (1986), y Dixon y otros (1988), figuran ejemplos de aplicación del método de análisis del impacto para determinar la relación costo-eficacia de distintas opciones posibles de eliminación de las aguas residuales de una planta de energía geotérmica situada en la Isla de Leyte (Filipinas). En este caso se trataba concretamente de determinar cuál de todos era capaz de proteger el medio ambiente con el máximo de eficacia en función de los costos. Se cuantificaron los costos de los impactos ambientales (pérdidas a nivel de la producción de arroz y de capturas de peces marinos) de algunas de esas opciones, pero no fue posible cuantificar otros costos ambientales, como las pérdidas de energía o por concepto de mermas de la pesca fluvial o efectos en la salud de la población local y la recreación. El análisis puso de relieve, entre otras cosas, que los costos ambientales cuantificables de los vertidos de desechos sin tratar en los ríos Bao y Bahiao eran relativamente altos y que representaban el 41 y el 31 por ciento del total de una y otra alternativa. Además, comprobaron que era posible que dichos vertidos estuvieran provocando una fuerte contaminación del ecosistema marino, pero se desconocían sus efectos y no fue posible cuantificarlos. A la vista de los impactos ambientales cuantificables y no cuantificables se llegó a la conclusión de que la alternativa más interesante era reinyectar las aguas residuales en la fuente geotérmica.

El análisis del impacto ha sido empleado también para evaluar programas y políticas agropecuarios que pueden tener efectos involuntarios en los humedales. Por ejemplo, se han hecho varios estudios para determinar el papel jugado por los precios de sostenimiento de la actividad agropecuaria y las inversiones en infraestructuras en la pérdida de valores relacionados con los humedales de Norteamércia (van Kooten, 1993; Stavins y Jaffe, 1990). Puede que tales políticas vayan dirigidas a incrementar la superficie cultivada, pero muchas veces no toman en consideración los valores de los humedales a que se renuncia. Si estos efectos se tuvieran en cuenta los beneficios netos de los programas oficiales serían mucho más bajos de lo previsto. La paradoja del caso es que muchos gobiernos prestan asistencia a los agricultores para promover la conservación de importantes hábitat de humedales y al mismo tiempo mantienen los incentivos para desecarlos. Sin embargo, van Kooten, por ejemplo, ha demostrado que para eliminar los efectos que tienen las políticas de ayuda del Gobierno del Canadá a la agricultura sobre los humedales de pradera, los agricultores de la región tendrían que percibir un incentivo de 55 dólares canadienses (45 dólares EE.UU.) por acre (a precios de 1988). De hecho, el Gobierno ofrecía a la sazón incentivos para conservar humedales de no más de 30 dólares canadienses (24 dólares EE.UU.). De no haber existido ayudas a la actividad agropecuaria el monto de los incentivos requeridos para promover la conservación habría sido mucho más bajo.


Como se indica en la sección 2.1, desde una óptica política puede ser importante asimismo evaluar los efectos distributivos de los cambios registrados en los humedales para determinar cuáles comunidades resultan más afectadas. Por último, si los costos ex situ de la alteración del humedal son irreversibles, puede que resulte económicamente eficiente continuar desarrollando la producción de petróleo a corto plazo, pero es posible que este resultado no sea sostenible a largo plazo [nota 11].

Valoración parcial

El segundo tipo de evaluación costo-beneficio – la valoración parcial – es el que más se emplea para evaluar usos alternativos de humedales. En otras palabras, para optar entre desviar, asignar o convertir recursos de humedales cabe comparar los beneficios netos de cada uno de sus usos. Supongamos, por ejemplo, que se está ejecutando un proyecto de riego en el curso superior de un río que aporta agua para la agricultura. Si este proyecto desvía agua que de no ser por él iría a parar a un humedal aguas abajo, toda pérdida de beneficios reportados por dicho humedal debe ser incluida en los costos globales del proyecto. Si los beneficios del humedal sacrificados son apreciables y no se evalúan las consiguientes pérdidas de beneficios del mismo, es evidente que los verdaderos beneficios del proyecto de desarrollo serán sobrevalorados (véase el recuadro 3.5). Esto equivale a dar por supuesto que el desvío de agua de crecida que llega a los humedales no entraña costo alguno, lo que ocurre en muy pocas ocasiones. Es más, puede que no haga falta medir todos los beneficios afectados. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando uno o dos impactos son lo bastante significativos como para que el proyecto resulte antieconómico. Sea como fuere, no hace falta medir todos los beneficios del o de los humedales, sino únicamente los beneficios afectados por el proyecto de desarrollo y es por ello que el método se denomina ‘valoración parcial’.

Recuadro 3.4: Ejemplos de aplicación del método de análisis parcial para valorar humedales

Algunos ejemplos de valoración parcial pueden facilitar la tarea de explicar este método. Barbier y otros (1993), lo aplicaron para analizar la llanura inundable de Hadejia-Jama’are de Nigeria septentrional, que se encuentra amenazada por proyectos hídricos ejecutados aguas arriba. El análisis demostró que los beneficios netos de la agricultura, la pesca y la recogida de leña en la zona afectada eran mucho mayores que los del proyecto de riego ejecutado aguas arriba, que está desviando agua de los humedales. Por ejemplo, los autores estimaron que el valor neto de los beneficios de la agricultura, la pesca y la leña se cifraban entre 253 y 381 naira (entre 34 y 51 dólares EE. UU.) por hectárea (a precios de 1989/1990), mientras que el valor neto de los beneficios reportados por el desvío de aguas de los ríos para dicho proyecto eran de entre 153 y 233 naira (entre 20 y 31 dólares EE. UU.) por hectárea. Se comprobó que la diferencia era mayor cuando los beneficios se calcularon teniendo en cuenta el aprovechamiento del agua (en miles de metros cúbicos), en lugar de la superficie de la zona.

Hanley y Craig (1991), llevaron a cabo una valoración parcial de los usos alternativos de las turberas del ‘Flow Country’ del norte de Escocia. Esta extensa zona de turberas de más de 400.000 hectáreas contiene plantas únicas y es un importante hábitat de aves. La zona ha sido convertida mediante la plantación en bloque de pinos y abetos y ha sido dañada por la alteración del hábitat y el régimen de las aguas y los suelos, el incremento de la sedimentación y la erosión, y en ella se registran emisiones netas de carbono a la atmósfera. Los autores calcularon los beneficios netos de la plantación de árboles y llegaron a la conclusión de que el valor actual neto de una rotación indefinida era negativo, a razón de 895 libras esterlinas (1.595 dólares EE.UU.) por hectárea (a precios de 1990), lo que indica que los árboles se han plantado a causa de los incentivos oficiales únicamente (N.B. desde entonces los incentivos han sido suprimidos). Los beneficios del mantenimiento de las zonas en su estado natural se evaluaron distribuyendo un cuestionario en que se preguntó a los encuestados si estaban dispuestos a pagar para conservarla (véase el recuadro 3.8). Se calculó que el valor actual neto de la conservación de la zona se elevaba a 237 libras esterlinas (580 dólares EE.UU.) por hectárea, lo que contrasta con la cifra negativa obtenida respecto de la conversión de la zona de turberas en plantaciones en bloque.

Estos estudios de casos se describen en detalle en el capítulo 4.


Valoración total

El tercer método de evaluación – la valoración total – es el más apropiado cuando hace falta contabilizar todos los costos y beneficios relacionados con la conservación de un humedal determinado. Por ejemplo, es posible que en el marco de una campaña de contabilización de los recursos naturales haga falta medir la contribución económica total de un humedal determinado al bienestar de la sociedad en su conjunto. En este caso, la finalidad es valorar el mayor número posible de beneficios de producción y ambientales netos relacionados con el humedal [nota 12].

Recuadro 3.5: Valoración del impacto y valoraciones parcial y total – un análisis más riguroso

Los métodos de valoración descritos en el cuerpo del texto - del impacto, parcial y total - admiten tambien aplicaciones matemáticas más rigurosas, que ponen de relieve con mayor claridad las diferencias entre ellos. En cuanto al análisis del impacto podemos emplear el ejemplo ya citado de un humedal contaminado por derrames periódicos de petróleo. Las pérdidas de beneficios netos de producción provocadas por los derrames en la pesca en el humedal más las pérdidas de beneficios ambientales netos (v.gr., suministro de agua de menor calidad a los asentamientos del humedal y adyacentes a él y en relación con el funcionamiento general del ecosistema), pueden designarse como BNH. Estos beneficios netos sacrificados representan los costos totales del impacto en los humedales, CI.