La Convención sobre los Humedales
Valoración económica de los humedales a nivel de las cuencas fluviales
Valoración económica de los humedales: un componente importante de las estrategias de gestión de los humedales a nivel de las cuencas fluviales
Alain
Lambert
Asesor principal de la Convención de Ramsar
Mayo de 2003
La valoración económica se puede definir como una tentativa de asignar un valor cuantitativo y monetario a los bienes y servicios suministrados por los recursos o sistemas ambientales, ya sea que se cuente o no con precios de mercado que nos puedan prestar asistencia. Cuando no existen precios de mercado (por ejemplo, para servicios de control de inundaciones, servicios de mitigación de desastres, evitación de la erosión), el valor se establece según la voluntad de pagar por el bien o servicio, ya sea que en la práctica se haga o no un pago. Uno de los principales problemas para estimar el valor de un ecosistema se plantea cuando los servicios prestados, por ejemplo, un reglamento relativo al cambio climático o la conservación de la diversidad biológica, benefician a la comunidad mundial. Sin embargo, en esta breve introducción no abordaremos la valoración de los servicios de los ecosistemas mundiales.
¿Por qué se debe estimar el valor de un ecosistema?
A menudo los ambientalistas cuestionan la necesidad de poner siempre un precio a la naturaleza y afirman que ésta tiene un valor intrínsico, que es nuestro sistema de apoyo a la vida a largo plazo, lo cual es razón suficiente para protegerla. Por cierto, tienen toda la razón, pero lamentablemente la realidad de la vida en este planeta nos demuestra que muchas personas no comparten esa opinión; especialmente (aunque no son los únicos) quienes sufren de hambre y comprensiblemente tratan de obtener de los humedales el máximo provecho posible en el corto plazo. ¡Si hoy tienen hambre, no se preocuparán por lo que pueda pasar mañana y, mucho menos, en 20 años! Pero quienes viven en los países en desarrollo no tienen el privilegio de poder aplicar este criterio de corto plazo. También a menudo quienes viven en los países desarrollados tienen una visión limitada y prefieren maximizar sus beneficios inmediatos, en lugar de garantizar los de a largo plazo.
Como ésta es una visión realista de la vida en nuestro planeta, debemos trabajar con ella. En consecuencia, consideramos que cuando no se puede esperar razonablemente que a corto plazo cambie una situación, es mejor tratar de aprovecharla al máximo y ejercer influencia para mitigar sus efectos negativos en el medio ambiente.
Hay por lo menos dos buenas razones para realizar una valoración de los servicios y bienes que prestan los humedales:
1. En épocas de dificultades financieras, no es fácil para quienes deben adoptar las decisiones gubernamentales gastar el dinero de los contribuyentes en actividades ambientales, especialmente si no cuentan con un amplio apoyo del público. La valoración de los humedales es un modo de estimar los beneficios que el ecosistema brinda a la población y permite a los expertos financieros realizar un estudio de costos y beneficios que quizás sea favorable para las inversiones ambientales. En el análisis de costos y beneficios se comparan precisamente los beneficios y los costos que tienen para la sociedad las políticas, los programas o las actividades encaminados a proteger o restaurar un ecosistema. En consecuencia, es un instrumento importante para que quienes gestionan el medio ambiente y adoptan decisiones puedan justificar el gasto público realizado en actividades de conservación y gestión de los humedales [note 1].
2. La otra buena razón es que el público no siempre tiene conciencia del valor de los humedales. Hay muchos que piensan que sólo sirven como criaderos de mosquitos. Si se dan a los administradores y al público escépticos pruebas objetivas de los beneficios monetarios y no monetarios que brindan los humedales, los ambientalistas obtendrán su apoyo. La mayoría de las personas sólo se preocupan por lo que aman o por lo que les produce un beneficio económico. Al ayudar a la población a mejorar sus condiciones de vida mediante el uso y la venta de bienes y servicios provenientes de los humedales, obtendremos un gran apoyo para nuestra causa.
La valoración económica es sólo una de tantas maneras que se pueden utilizar para definir y medir valores. Otros tipos de valores (religiosos, sociales, culturales, mundiales, intrínsicos, etc.) también son importantes, pero en la mayoría de los países el valor económico es el más importante cuando quienes adoptan las decisiones tienen que hacer elecciones difíciles para asignar los escasos recursos gubernamentales.
La valoración económica no es una actividad sencilla y carente de conflictos. Muchas veces depende de las preferencias humanas. En otras palabras, depende de lo que la población percibe como las repercusiones (positivas o negativas) que los humedales tienen en su bienestar. En teoría, el valor económico de cualquier bien o servicio se mide según lo que estamos dispuestos a pagar por ese bien, menos lo que cuesta suministrarlo. Pero muchas veces, debido a que se les percibe como un bien común (falla del mercado), no tenemos que pagar por los productos y servicios provenientes de los humedales. En ese caso, el valor surge de la estimación de la voluntad de pagar, ya sea que en la práctica se haga o no un pago.
Relación entre ecología y economía
En todas las regiones del mundo, la población humana está sufriendo problemas sociales, económicos y ambientales como resultado de la destrucción y mala gestión de sus recursos naturales, especialmente en lo que respecta a sus humedales y recursos hídricos. Esa destrucción, que prosigue a tasas alarmantes en muchos países, contribuye a la escalada de la pobreza y a los problemas en el suministro de agua y la seguridad alimentaria, así como a robar al planeta de su diversidad biológica, de la que están dotados los humedales. Sus causas son múltiples: desde las actividades locales y las políticas nacionales hasta las cuestiones mundiales.
Si bien los humedales se encuentran entre los ecosistemas más ricos que prestan apoyo a la vida en el planeta, están entre los más amenazados y destruidos. ¿Por qué motivo los seres humanos destruyen los elementos esenciales de sus ecosistemas? La respuesta es relativamente simple: porque no valoran en términos económicos y monetarios los bienes y servicios suministrados por los humedales. Los humedales sagrados constituyen una excepción y a menudo están bien conservados, porque la población local reconoce su valor religioso.
Otra razón por la cual no se valoran los bienes y servicios suministrados por los humedales es más compleja y probablemente está vinculada al hecho de que la mayoría de nosotros no somos conscientes de sus características (biológicas, químicas y físicas) que permiten el desarrollo y la conservación de su estructura, lo que, a su vez, es crucial para los bienes y servicios provenientes de los humedales. Las funciones desempeñadas por los ecosistemas son el resultado de interacciones entre características, estructuras y procesos [note 2]. Debido a la complejidad de las interacciones naturales, la evaluación ecológica de las funciones desempeñadas por esos ecosistemas se puede realizar mejor aplicando el enfoque de la cuenca fluvial. Esas funciones, valores y atributos sólo se pueden mantener si se permite que sigan funcionando los procesos ecológicos de los humedales. Pero el enfoque de la cuenca fluvial va más allá de la medida del interés personal directo de muchos beneficiarios de los humedales. En consecuencia, la caracterización ecológica es un paso indispensable antes de realizar una valoración económica.
En las actividades de valoración económica, la escala del trabajo es muy importante, porque la tentativa de evaluar separadamente a los ecosistemas, que son muy interdependientes, puede dar lugar a resultados paradójicos de sustituciones poco prudentes de "ecosistemas de humedales menos valorados" por "humedales artificiales (construidos por los seres humanos) de mayor valor". Aunque la Convención de Ramsar reconoce el valor de los humedales artificiales, la fragmentación de la totalidad del sistema de humedales (cuenca fluvial) en una serie de humedales más pequeños puede dar lugar a la sobre-valoración o sub-valoración económica de una unidad separada en relación con la totalidad del sistema.
Esa es la principal razón por la cual la Convención sobre los Humedales promueve la escala de la cuenca fluvial como marco para la gestión de los humedales y, en consecuencia, también sugiere que se le utilice para las actividades de valoración económica de los humedales [note 3]. Quedan algunas interrogantes sobre el problema del tamaño exacto de la unidad de gestión y muchos se preguntan en qué medida se debe considerar qué parte de una cuenca fluvial es un humedal [note 4]. En ese caso, un criterio pragmático complementaría perfectamente bien el criterio teórico de la cuenca fluvial.
En abril de 2003, en la primera reunión del Comité Directivo sobre dos estudios realizados por especialistas franceses en administración comercial, encaminados a promover el comercio sostenible de productos de los humedales, encabezados por el Tour du Valat y los Pôles Relais Lagunes Méditerranéennes [note 5], los productores de tierras bajas de albuferas y humedales costeros tenían problemas para aceptar que productos provenientes de río arriba, que aparentemente no guardaban relación con los humedales (manzanas, uvas, etc.) se incluyeran en la investigación y se beneficiaran de las investigaciones, la promoción comercial y los trabajos en comercialización.
Esta actitud bastante común introduce otro elemento de complicación: como a menudo el valor de un producto se determina por su rareza, los productores tratan de dar una imagen específica del carácter único y la rareza de su ecosistema y, en consecuencia, tienden a limitar la escala de trabajo a una zona muy limitada. En otras palabras, tratan de convencer al público del gran valor de sus productos promoviendo la idea de que provienen de un ecosistema muy pequeño, raro, único y puro. Son todos estos elementos los que contribuyen a elevar los precios. En consecuencia, las teorías de comercialización insisten en que la cuenca se divida en varias unidades pequeñas. Por otro lado, aunque los sistemas de producción en los bancos río arriba y en las laderas de la cuenca tienen una gran influencia en la calidad de los ecosistemas de las tierras bajas, a menudo no se considera que los productores río arriba forman parte del ecosistema del humedal y, en consecuencia, no se benefician de los incentivos económicos y financieros encaminados a limitar los insumos agrícolas o el consumo de agua, lo que, a su vez, beneficiaría a los humedales de las tierras bajas.
En consecuencia, se corre el riesgo de que, sin los incentivos pertinentes, los productores río arriba no utilicen su tierra de una manera tan racional como cabría esperar (limitando los insumos, evitando la erosión, etc.) y, por ende, contribuyan a deteriorar al ecosistema de las tierras bajas (imagen de calidad) y a que falle la estrategia de comercialización.
¿Cuáles son los valores de los humedales?
Según se definen en la Convención de Ramsar, los humedales incluyen una gran variedad de tipos de hábitat, entre ellos ríos, lagos, albuferas costeras, manglares, turberas e incluso arrecifes de coral. Además, hay humedales artificiales como viveros de peces y camarones, estanques acuícolas, tierras irrigadas para la agricultura, salinas, embalses, graveras, campos de aplicación de fangos cloacales y canales.
Los humedales se encuentran entre los entornos más productivos del mundo. Son cunas de diversidad biológica que suministran el agua y la productividad primaria de la cual innumerables especies de plantas y animales dependen para la supervivencia. Apoyan grandes concentraciones de especies de aves, mamíferos, reptiles, anfibios, peces e invertebrados. De las 20.000 especies de peces que hay en el mundo, más del 40% vive en agua dulce. Los humedales son también importantes depósitos de material fitogenético. Por ejemplo, el arroz, que es una planta común de los humedales, es la dieta habitual de más de la mitad de la humanidad.
La interacción entre los componentes físicos, biológicos y químicos de un humedal, como el suelo, el agua, las plantas y los animales, permiten al humedal desempeñar muchas funciones vitales, por ejemplo: almacenamiento de agua; protección contra las tormentas y mitigación de las inundaciones; estabilización de la costa y control de la erosión; recarga de las aguas subterráneas (circulación del agua desde el humedal hacia el acuífero subterráneo); descarga de aguas subterráneas (movimiento ascendente del agua, que pasa a ser agua superficial en un humedal); purificación del agua por conducto de la retención de nutrientes, sedimentos y sustancias contaminantes; y estabilización de las condiciones climáticas locales, en particular la precipitación y la temperatura.
Los humedales brindan enormes beneficios económicos, por ejemplo: suministro de agua (cantidad y calidad); pesquerías (más de las dos terceras partes de la producción pesquera del mundo están vinculadas a la salud de las zonas costeras y los humedales de tierra adentro); agricultura, por conducto de la conservación de la capa freática y la retención de nutrientes en los terrenos aluviales; producción de madera; recursos energéticos, como turba y materias provenientes de las plantas; recursos silvestres; transporte; y oportunidades de recreación y turismo.
Si queremos crear conciencia sobre la importancia de estos ecosistemas como sistemas que prestan apoyo a la vida, es de importancia primordial expresar esos distintos valores en términos económicos. Ésta es una disciplina relativamente nueva, pero se están logrando progresos prometedores.
En el gráfico 1
infra, tomado de R. K. Turner y otros, en Ecological Economics, 35 (2000),
pág. 12, se resumen muy bien las complejas relaciones que existen entre
los distintos niveles de intervención.

El valor económico total (VET) de los humedales se define como el monto total de recursos de que los particulares están dispuestos a desprenderse para aumentar la cantidad de servicios provenientes de los humedales. El VET se divide en distintos tipos de componentes:
A. Valores de uso
1. Los valores de uso directo (VUD) son los beneficios derivados de los peces, la agricultura, la madera utilizada como combustible, la recreación, el transporte, la cría de animales silvestres, la turba y la energía, los aceites vegetales, las tinturas, las frutas, etc.
2. El valor de uso indirecto (VUI) son los beneficios indirectos derivados de funciones que desempeñan los humedales, como retención de nutrientes, control de inundaciones, protección contra las tormentas, recambio del agua subterránea, apoyo a ecosistemas externos, estabilización micro-climática, estabilización de la costa, etc.
3. El valor de opción (VO) es el que permite a un particular obtener beneficios, al garantizar que se contará con un recurso que podrá usarse en el futuro.
B. Valores del no uso
1. El valor del no uso (VNU) deriva del conocimiento de que se mantiene un recurso (diversidad biológica, patrimonio cultural, sitio religioso y legado). Los ambientalistas promocionan enérgicamente este valor, ya que respaldan el concepto del puro valor intrínsico de la naturaleza.
¿Cómo cuantificar los valores de los humedales?
La próxima pregunta es de qué manera se puede poner adecuadamente un valor monetario a los productos o servicios provenientes de los humedales. La idea motriz de la evaluación de los productos y servicios provenientes de los humedales es demostrar que, en algunos casos, mantener las funciones naturales del ecosistema de la manera más pura posible puede tener valor económico y generar beneficios. Por supuesto, para lograrlo adecuadamente, se debe comparar el precio de los productos provenientes de los humedales bien mantenidos con el precio de producir bienes o servicios similares de una manera menos favorable al medio ambiente: construcción de diques o planes de riego, promoción de la agricultura con uso intensivo de insumos, transformación de tierras en campos de pastoreo, etc. El aspecto principal de esta actividad es internalizar los factores externos [note 6]. La mayor parte de los productos y servicios producidos en el planeta están subsidiados, a menudo sin que el consumidor lo sepa. El hecho de que el productor de frutas que utiliza fertilizantes químicos no tiene que pagar el costo del tratamiento del agua necesario para eliminar el exceso de nitratos provocado por el uso de fertilizantes y así obtener agua potable no refleja el precio real del producto. El hecho de que el agricultor que riega intensivamente sus campos no tiene que pagar por los daños (erosión, contaminación) que provoca la escurrimiento en las laderas de la cuenca y que por último aumenta la turbidez del agua fluvial no refleja el precio real del metro cúbico de agua que utiliza. En ambos casos, se está subsidiando en gran medida a los fertilizantes químicos y al agua. Este tipo de subsidio hace que se dé poca consideración a la protección ambiental. Y, por supuesto, alguien debe pagar los daños causados. ¿Quién paga? Toda la comunidad, en su carácter de contribuyente, paga por el uso poco racional que los particulares hacen de los bienes comunes.
Como quienes adoptan decisiones y los políticos desean ver cifras convincentes antes de tomar medidas que puedan afectar su popularidad, se han elaborado varios métodos para tratar de cuantificar el valor monetario de los servicios y los bienes prestados por los humedales.
La manera más sencilla de hacerlo es aplicar el método del precio de mercado (la ley de la oferta y la demanda), pero lamentablemente ello no es siempre posible porque simplemente no hay mercado para algunos productos provenientes de los humedales o porque algunos valores de los humedales intrínsecamente no son comercializables. Esos fallos del mercado se producen cuando los mercados no reflejan en su totalidad el costo o beneficio social de un bien. Entre los fallos del mercado relacionados con los ecosistemas se puede mencionar que: 1) muchos humedales prestan servicios que son bienes públicos; 2) muchos servicios prestados por los humedales se ven afectados por externalidades; y 3) a menudo no están definidos claramente los derechos de propiedad relacionados con los ecosistemas y sus servicios.
Otra limitación al método del precio de mercado es que éste no siempre refleja de manera automática el valor real de un bien. Hay muchos casos en que la verdadera voluntad de pagar es mucho mayor de lo que el cliente paga en la realidad.
Sin embargo, se han ideado varios métodos (que no son perfectos) para ayudar a cuantificar o dar un orden de magnitud a algunos valores concretos de los humedales.
En el cuadro infla, (adaptado de: Barbier, E.B., M. Acreman y D. Bowler (1997), Economic Valuation of Wetlands: A Guide for Policy Makers and Planners, Convención de Ramsar sobre los Humedales; King D. y Mazzota (1999), sitio Web de Ecosystem Valuation (www.ecosystemvaluation.org); Stuip, M.A.M., Baker, C.J. y Oosterberg, W. (2002), The Socioeconomics of Wetlands, Wetlands International y Riza, Países Bajos), se da una idea de los métodos de evaluación cuantitativos más comunes empleados y de sus limitaciones.
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Método |
Aplicable a… |
Descripción e
importancia |
Inconvenientes
y limitaciones |
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Método
del precio de mercado |
Valores
de uso directo, especialmente productos provenientes de los humedales. |
El
valor se estima a partir del precio en los mercados comerciales (ley de
la oferta y la demanda). |
Las
imperfecciones del mercado (subsidios, falta de transparencia) y las políticas
distorsionan el precio de mercado. |
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Método
del costo del daño evitado, del costo de reemplazo o del costo del sustituto |
Valores
de uso indirecto: protección costera, erosión evitada, control de la contaminación,
retención del agua, etc. |
Se
puede estimar el costo de la remoción del contaminante orgánico o de cualquier
otro contaminante a partir del costo de la construcción y el funcionamiento
de una planta de tratamiento de agua (costo del sustituto). El valor del
control de las inundaciones se puede estimar a partir del daño que podría
causar la inundación (costo del daño evitado). |
Se
presume que el costo del daño evitado o de los sustitutos es comparable
al beneficio original. Pero muchas circunstancias externas pueden hacer
cambiar el valor del beneficio original esperado y, en consecuencia, la
aplicación de este método puede dar lugar a subestimaciones o sobreestimaciones.
A las compañías de seguro les interesa mucho este método. |
|
Método
del costo del viaje |
Recreación
y turismo. |
Se
estima el valor recreacional del sitio a partir de la suma de dinero que
gasta la gente en llegar a ese lugar. |
Este
método sólo sirve para obtener estimaciones. Es muy fácil obtener una
sobreestimación, porque es posible que el sitio en sí mismo no sea el
único motivo por el cual se viaja a la zona. También es necesario contar
con muchos datos cuantitativos. |
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Método
de la estimación del precio hedónico |
Algunos
aspectos del valor de uso indirecto, del uso futuro y del no uso. |
Se
utiliza este método cuando los valores del humedal ejercen influencia
en el precio de los bienes que se comercializan. El aire limpio, las grandes
superficies de agua o los paisajes estéticos aumentar el precio de la
vivienda o de la tierra. |
Este
método sólo captura la voluntad
de la gente de pagar por un beneficio percibido. Si la gente no es
consciente del vínculo que existe entre el atributo ambiental y el beneficio
para sí mismos, el valor no se reflejará en el precio. Este método exige
un uso muy intensivo de datos. |
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Método
de la valoración contingente |
Valores
del turismo y del no uso. |
En
este método se pregunta directamente a la gente cuanto está dispuesta
a pagar por servicios ambientales concretos. A menudo es la única manera
de estimar el valor del no uso. También se refiere a él cómo "método
de la preferencia indicada". |
En
las técnicas aplicadas en la entrevista se puede introducir varias posibles
fuentes de sesgo. También es incierto si la gente en realidad está dispuesta
a pagar la suma indicada en la entrevista. Es el método de valoración
más controversial de los no correspondientes al mercado, pero es una de
las pocas maneras de asignar un valor monetario al no uso de valores del
ecosistema que no involucra compras en el mercado. |
|
Método
de la elección contingente |
Todos
los bienes y servicios provenientes de los humedales |
Los
valores se estiman preguntando a la gente que habrá concesiones mutuas
y comparaciones entre series de servicios del ecosistema o ambientales. |
No
se pregunta directamente la voluntad de pagar, ya que éstas se infieren
de las concesiones mutuas y comparaciones, que incluyen el atributo del
costo. Es un método muy bueno que ayuda a los encargados de adoptar decisiones
a categorizar las opciones de política. |
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Método
de la transferencia de beneficios |
Para
los servicios del ecosistema en general y los usos recreativos en particular |
El
valor económico se estima transfiriendo las estimaciones de valores existentes
hechas en estudios ya completados en otra localidad o contexto. |
Se
utiliza a menudo cuando es muy costoso realizar una nueva valoración económica
cabal de un sitio concreto. Sólo puede ser tan exacta como el estudio
inicial. La extrapolación es únicamente válida entre sitios con las mismas
características básicas. |
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Método
de la productividad |
Para
bienes y servicios concretos provenientes de los humedales: agua, suelo,
humedad del aire, etc. |
Se
estima el valor económico de productos o servicios provenientes de los
humedales que contribuyen a la producción de bienes comercializables. |
La
metodología es directa y se necesitan pocos datos, pero el método sólo
funciona con algunos bienes o servicios. |
Para la mayor parte de los neófitos en economía, la utilización de esos métodos quizás parezca complicada o muy exhaustiva. Pero detrás de la aparente complicación, hay mucho lugar para aplicar el sentido común.
La valoración económica y financiera no es una panacea. Hay casos en que:
1) No se debe realizar. Si, por ejemplo, el ecosistema de que se trata es un sitio de Ramsar con especies endémicas muy raras y amenazadas y con pocas posibilidades de beneficiar económicamente la población local, es evidente que la valoración ambiental deberá tener precedencia sobre cualquier valoración económica. El costo de la pérdida de las especies endémicas es mucho mayor que el beneficio derivado de la recolección de, por ejemplo, unos pocos huevos de ave por un breve período, antes de que esa especie se extinga. La misma lógica se puede aplicar a los valores religiosos. En algunos países, éstos están por encima de todos los valores económicos.
2) No se debe realizar de manera exhaustiva. En la mayor parte de los países será difícil encontrar economistas calificados en condiciones de realizar una valoración económica a fondo, pero algunos de los métodos propuestos pueden ser empleados por los demás. En algunos casos, los beneficios económicos son tan importantes para tanta gente que una rápida valoración económica sería suficiente para permitir que los encargados de adoptar decisiones puedan tomar las medidas del caso. Quizás no sea necesario realizar una valoración exhaustiva en el caso de la protección de un rico ecosistema costero, en que un gran número de pescadores se ganan el sustento, comparada con la destrucción de manglares para construir un camino.
Una valoración parcial o rápida quizás sea suficiente para observar cuáles son las tendencias o tener un panorama de la situación y puede constituir una aportación valiosa al proceso de adopción de decisiones. Por supuesto, si quienes adoptan decisiones no se preocupan de su población, no hay nada que la evaluación o la falta de ella pueda hacer al respecto.
Análisis de costos y beneficios: instrumento para quienes adoptan decisiones
En la sección anterior se explicó de qué manera responder a la pregunta: ¿Cuánto cuesta este producto o cuáles son los beneficios monetarios de un servicio o bien en particular proveniente de los humedales?
Una vez que conocemos la respuesta a esta pregunta básica, hay que comparar el valor del producto o servicio proveniente de un humedal bien preservado y gestionado con el valor de un producto proveniente de un humedal gestionado mal o poco prudentemente. Esa comparación se debe realizar entre productos o servicios comparables y, por supuesto, sólo tiene sentido si en todos los costos se internalizan los factores externos.
Los encargados de adoptar decisiones no pueden tomarlas basándose únicamente en la intuición. Debe contar con hechos y valores, pero también, en el proceso de adoptar la decisión, deben afrontar tres tipos de aportes muy distintos:
1. Los ambientalistas, las organizaciones no gubernamentales y otros grupos de interés (agricultores, industria del turismo, etc.) a menudo hacen sentir su opinión enérgicamente y tratan de ejercer influencia sobre quienes adoptan las decisiones. Se supone que esos grupos representan la diversidad de la opinión pública, pero no siempre lo hacen de manera coherente. Al ser un factor básico para quienes adoptan las decisiones, tienen una cierta influencia.
2. Los científicos brindan a los encargados de adoptar decisiones información científica y hechos aparentemente neutrales en relación con el ciclo hidrológico, el funcionamiento del ecosistema, etc. Sus opiniones son fundamentales para que los encargados adoptar las decisiones puedan entender el contexto en que trabajan y ayudarlos a no tomar medidas que puedan ser muy nocivas o irreparables en la gestión de los ecosistemas.
3. Los economistas ambientales combinan los sentimientos de los ambientalistas sobre el valor intrínsico de la naturaleza (enfoque sentimental), la comprensión del funcionamiento del ecosistema según lo explican los científicos (enfoque científico) y el pragmatismo que necesitan quienes adoptan decisiones para poder cumplir su función (enfoque realista). Son quienes suministraron estimaciones y valores objetivos de los beneficios.
Todas esas aportaciones entran en el "molinillo político", según figuran en el gráfico infra, tomado de King, D. y Mazzota, M. (www.ecosystemvaluation.org), que constituye una ilustración muy explícita de las fuerzas en juego y de los retos que afrontan los encargados de adoptar decisiones.

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tradución
: Intereses
agrícolas; Intereses ambientales; Intereses "puramente políticos" De mercado y no mercado; De uso y no uso; En la localidad y fuera de ella; Actuales y futuros MOLINILLO POLÍTICO Decisiones
sobre los gastos nacionales; Decisiones sobre los gastos regionales; Prácticas
de conservación en los establecimientos agrícolas; Mejorías
ambientales |
Conclusiones
La valoración de los humedales no se limita a los beneficios económicos y monetarios que los ecosistemas de humedales pueden brindar los seres humanos. Se refiere también a atribuir un valor a todos los tipos de beneficios para los seres humanos y/o la naturaleza, incluso los valores religiosos, sociales, ambientales (diversidad biológica, cambio climático, valor intrínsico, etc.), estéticos, económicos y otro tipo.
Todos los valores son buenos. El reto consiste en establecer prioridades de conformidad con la realidad local y en beneficio tanto de los seres humanos como de la naturaleza. Para ello es necesario utilizar un criterio casuístico.
En los países en desarrollo, en donde para la mayoría de la población la vida no siempre es fácil, el valor económico tiende a ser más importante que los demás. Esto debe ser tenido cuidadosamente en cuenta para velar por que en todos los planes de gestión de los humedales haya un fuerte componente de mitigación de la pobreza. En los países en desarrollo quizás la valoración económica sea menos pertinente, especialmente si los beneficios económicos son marginales cuando se los compara con los estéticos o recreativos.
Los métodos de valoración económica todavía no son perfectos e incluso son controversiales, pero ciertamente son lo suficientemente buenos como para brindar información valiosa, que menudo no es percibida por la población. La producción de bienes y servicios está estrechamente vinculada al funcionamiento de los ecosistemas (hidrología, suelo, calidad del agua, etc.) y en todas las etapas de la valoración económica se debe tener en cuenta esa realidad.
[nota]
1. Barbier, Akerman y Knowler, en Economic Valuation of Wetlands: A Guide
for Policy Makers and Planners, publicación de la Oficina de Ramsar,
1997.
2. R. K. Turner y otros, en Ecological Economics, 35 (2000), págs. 7
a 23.
3. Integración de la conservación y el uso racional de los humedales
en el manejo de las cuencas hidrográficas, Manual de Ramsar N° 4,
publicación de la Oficina de la Convención de Ramsar.
4. Tore Söderqvist y otros, In Valuation of wetlands in a landscape and
institutional perspective, en Ecological Economics 35 (2000), págs. 1
a 6.
5. Los títulos de las dos investigaciones son": 1) Valuing Languedoc-Rousillon's
lagoons products, y 2) Valuing French wetland's products.
6. Internalizar significa simplemente incluir. Los factores externos o externalidades
son aquellos elementos "externos" que contribuyen al costo real de
cualquier artículo pero que, por razones políticas o por fallos
en el mercado, no se reflejan en el precio real y que, en consecuencia, son
pagados por la comunidad. Por ejemplo, un factor externo de los fertilizantes
es el costo del tratamiento del agua.
Para
más información, se ruega contactar: Oficina de la Convención de Ramsar,
Rue Mauverney 28, CH-1196 Gland, Suiza (Tel: +41 22 999 0170, Fax: +41 22 999
0169, E-mail ramsar@ramsar.org). Este
texto se incluyó en el sitio Web el 5 de
agosto de 2003. Dwight Peck, Ramsar.