Feature article: Social and cultural values -- Ecuador

15/02/2002

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[ED: This articles was written by Dr Ernesto Eduardo Briones from Fundación EcoCiencia in Ecuador, and sent to the Bureau as  a contribution to World Wetlands Day 2002. Dr Briones is one of the Ramsar CEPA NGO Focal Points for Ecuador.]

Valores sociales y culturales

para Dr Ernesto Eduardo Briones

Las poblaciones negras del manglar y de la línea costera de Esmeraldas, tienen una cultura determinada por la relación con sus recursos naturales, estableciéndose una dependencia directa de ellos. Con manifestaciones míticas y religiosas enraizadas en el mar y la tierra.

En la Reserva Manglares Cayapas Mataje, al norte de la provincia de Esmeraldas, existe un conocimiento y manejo tradicional de la naturaleza y el medio ambiente y las poblaciones tienen una economía eficiente [1], por el alto uso múltiple de los recursos. Diariamente se emplean entre 8 y 12 especies recolectadas del mar, el bosque y/o los ríos. La pesca y cacería son la base proteica de la alimentación de los pobladores, los cultivos de ciclo corto y permanente dan sustento a la alimentación diaria, la madera, plantas, fibras, bejucos y semillas sirven de materia prima para las viviendas, energía, medicinas y utencillos de uso cotidiano. Los pescadores artesanales son reconocidos por su conocimiento sobre el ambiente natural y por su destreza en las técnicas de pesca (Mera 1999), lo mismo que las mujeres que conchean, con conocimientos de los que depende el sustento diario de la mayoría de familias del manglar.

Existen también conocimientos sobre las cualidades de muchas de las plantas de la zona, curanderos y parteras las utilizan para sanar el mal de ojo, el espanto, el mal aire, para que las mujeres sean fecundadas o no.

Su cosmovisión interrelaciona lo natural y sobrenatural, que se materializa en las actitudes, representaciones, creencias y en la cotidianeidad. Su mundo espiritual, la forma de diagnostico y cura a las enfermedades y la concepción de la muerte son aspectos que describen la cultura negra desde su esencia (Escobar 1 990). Sin embargo la perdida del espacio de reproducción social, la intromisión de la cultura occidental y la migración de los jóvenes imposibilita la conservación y desarrollo de esta cultura.

Las ánimas, la tunda, el riviel y la sirena del mar son personajes mitológicos que habitan en la tierra o el agua y que ayudan, asustan o dañan. Generalmente, para librase o protegerse de ellas, recurren al insulto, a la astucia, o a la oración.

Las Ánimas son guardianas de los recursos naturales, pero son espíritus malosos que vuelven del infierno y rondan en los esteros, el mar o la tierra y se aparecen a los campesinos/ as, pescadores/ as y concheras, que asustados /as, regresan a la casa.

La Tunda también es un personaje que cuida del manglar, puede convertirse en hombre o mujer para acechar a niños o niñas púber que no obedecen a los padres, y las seduce con manjares del mar, llevándolos/ as al monte en donde los mantiene hechizados y sin poder regresar al hogar.

El Riviel es un personaje del agua, que recorre los estuarios, canales y el mar para conducir a los pescadores hacia remolino y corrientes para que se accidenten y ahoguen. Este ser mítico es una alma en pena que no logra encontrar el camino a la eternidad.

La Sirena del mar, personaje universal, es la que atrae a los marineros con su canto mientras se peina con un peine de oro, para llevarlos al fondo del mar.

Estos personajes han sobrevivido a nuevas creencias inculcadas por las religiones católica y evangélica, cuyos representantes son Santos y Santas Patronas, Virgenes y Jesucristo a los que se invocan y reconocen con la celebración de rituales y fiestas.

Muchas de las supersticiones que determinan acciones cotidianas, tienen que ver con el mar, como creer que una pareja de enamorados no debe meterse al mar por que este se pone celoso y los puede ahogar,; que las mujeres embarazadas que pasean por la playa embravecen al mar, lo mismo que cuando una persona se ahogan en sus aguas; que nadie debe bañarse en el mar o el río en viernes santo porque se convierten en pescados o que soñar que una persona se va en un barco es señal de que el soñado, se va ha morir (Mascheto 1995)

En la población negra las relaciones familiares giran en torno a la mujer y a su relación con los humedales de donde extrae la concha y el cangrejo azul para solventar la economía familiar. Se calcula que cada mujer tienen un promedio de 3 relaciones de pareja a lo largo de su vida reproductiva (entre 14 y 46 años), por lo que los códigos de valor occidental respecto a la responsabilidad paterna, no rigen sino mientras él, permanece en el hogar (Mera 1 999), de allí la importancia de los manglares para la reproducción cultural de los pueblos afroecuatorianos.

Estos manglares fueron cuna de culturas indígenas de las cuales quedan vestigios arqueológicos en cerámica, cobre, esmeraldas, oro, platino que reposan en museos nacionales e internacionales y en uno, ubicado en La Tolita al interior de la Reserva (Inefan-Gef 1998).

En la zona de central de la provincia de Esmeraldas, la tierra y el mar constituyen elementos que aseguran la supervivencia de las poblaciones locales, existiendo muchas familias que tienen actividades en los dos espacios. De manera permanente se pesca basándose en el calendario pesquero, pero en época de lluvia, parte de la familia se dedica a la finca, que se la maneja con combinación de cultivos entre permanentes y estacionales, y que ayudan a la economía de cada hogar. En costas pedregosas, como en Galera, Estero del Plátano y Quingue, las mujeres, los niños y niñas, pescan langosta y pulpo.

En todos estos humedales de playa existe un código ancestral, una solidaridad entre los pescadores, "nadie se muere de hambre", el que no tuvo suerte un día, obtiene el alimento al "fío", mañana devolverá con reciprocidad lo recibido.

Hacia la zona de Muisne, al sur de la provincia de Esmeraldas, las poblaciones de la parte alta del estuario existe una vinculación estrecha entre el mar y la tierra, muchos pescadores tienen tierras en la cordillera del Mayal, y agricultores tienen canoas o bongos con los cuales se autoabastecen de pescado, destinando los excedentes al mercado. Sin embargo la especialización de la producción avanza, y muchos ya son solo pescadores o agricultores, con productos destinados al mercado más que para el autoconsumo.

En la zona de Muisne, parte baja del estuario de manglar, hay una diferencia con el resto de la provincia y una complementariedad al mismo tiempo; por Mandatos Ancestrales entre mareños (generalmente negros y pescadores/ as extractores /as) y ribereños (generalmente agricultores, mestizos e indios) se mantiene una relación íntima y de respeto con el mar, la tierra y los recursos naturales, ellos consideran que si desaparece el manglar y el bosque, ellos desaparecen. Estos valores chocan con la lógica del mercado.

Actualmente "los usuarios ancestrales han constituido una organización con un sentido comunitario y de solidaridad, caracterizados por poseer un pensamiento mítico – simbólico relacionado con los recursos naturales del entorno al que pertenecen. Es un pueblo fundamentalmente de tradición oral, por expresar a través de los juegos y las fiestas la profunda cohesión social que tienen, por manifestar su pensamiento mítico simbólico a través de seres que son parte del humedal, por recolectar y distribuir equitativamente los recursos necesarios para la reproducción de la vida y manejar el sentido del tiempo en relación a la naturaleza y a sus ciclos" (Torres et al 1999).

Al momento el humedal y su área de influencia es el espacio que provee de recursos alimenticios, de tierra para cultivos, madera y mercancías para abastecer mercados internacionales, nacionales y locales. Además es lugar de habitación, reproducción económica y sociales de la población local. En la parte central y sur, la relación con los recursos naturales tiene tradición para el manejo y la distribución.


Humedales lénticos

En el humedal La Tembladera en la provincia de El Oro, existe una leyenda acerca de una sirena que cantaba a las 12 de la noche y se encontraba cautiva de una enorme serpiente, pero que huyeron por el río Pitajaya, cuando se iniciaron los trabajo de infraestructura para riego y agua potable.

En la laguna de Jimbura en el cantón Amaluza de la provincia de Loja, los curanderos (shamanes) indígenas y sus pacientes, llegan cada verano a curarse en sus aguas, consideradas sagradas. Ellos traen ofrendas para la laguna: flores, monedas y otras que dejan en sus aguas. Enfermedades físicas y espirituales se curan con sus agua y con las plantas que rodean a la laguna: chuquiragua, ortiga, san juan del indio son usadas para este propósito.

Las lagunas de Fierro Hurco y de Chinchillo, así como el páramo son consideradas como entes por el Pueblo Saraguro de la provincia. Son muy respetados por creer que su ira puede hacerles daño.

A la laguna de Chinchillo, llegan shamanes para hacer sus curaciones, se considera que sus aguas son mágicas y curan de males del cuerpo y del alma. Los enfermos que llegan a pedir favores de la laguna, ofrecen perfumes, flores y monedas. Los Shamanes usan montes curativos, tabaco, trago y otros amuletos para curar a los pacientes.

Los indios Shuaras, pueblo de pie de monte y de montano bajo, consideran sagradas a las cascadas. En ellas habitaba el dios poderoso y para hablar con el y pedirle favores, se toma infusión de Ayahuasca (planta sagrada) y se bañan en sus aguas. Los Shuaras son el pueblo de las Cascadas Sagradas.

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