Convención
sobre los Humedales
El papel de los humedales en la búsqueda de soluciones a la crisis mundial del agua
CONFERENCIA INTERNACIONAL
EL AGUA Y EL DESARROLLO SOSTENIBLE
Paris, 19-20-21 de Marzo de 1998
Organización: Oficina de la Convención sobre
los Humedales (Ramsar, Irán, 1971)
Dirección: Rue Mauverney 28, 1196 Gland, Suiza
"El papel de los HUMEDALES en la búsqueda de soluciones a la crisis mundial del agua"
Autores: Documento preparado por la Oficina de la Convención sobre los Humedales; incluye información obtenida de documentos facilitados por el Dr. Ken Lum, consultor y colaborador especial de la Oficina Wetlands International-Americas (Canadá)
Resumen
Para la comunidad mundial, el reto en 1998 será aceptar que los sistemas hidrológicos, o cursos de agua naturales, tienen una capacidad de resistencia limitada a las agresiones de la especie humana. No podemos continuar contaminándolos, regulándolos, privándoles de agua y explotándolos para obtener alimento y desarrollo económico. Nuestra prioridad debe ser la protección celosa de aquellos atributos que son críticos para su existencia. Los humedales son uno de los elementos vitales que contribuyen a la existencia de los cursos de agua de donde provienen nuestros alimentos y el agua que bebemos, y sin embargo continuamos permitiendo su destrucción en todo el mundo. Esta Conferencia debería reconocer el importante papel de estos ecosistemas e instar a todos los gobiernos a que, como una de sus respuestas inmediatas a la crisis mundial del agua, adopten todas las medidas necesarias para evitar la destrucción de los humedales existentes. Más a largo plazo, y con el objetivo de reparar los daños causados a los cursos de agua, los gobiernos, las agencias de apoyo financiero y las comunidades locales deberían atribuir especial prioridad a la restauración y rehabilitación de los humedales alterados, degradados o modificados.
Introducción
Cuando los dirigentes mundiales han centrado su atención en la crisis del agua, se han hecho una serie de declaraciones muy claras acerca de las causas del problema. Entre esas causas se han citado el rápido crecimiento de la población, acompañado del aumento de las expectativas en cuanto a la calidad de vida y a la seguridad de los alimentos y del agua; el excesivo consumo y el uso indebido de los recursos hídricos, incluidos los planes mal concebidos de regulación del agua; la creciente urbanización; y la expansión del comercio y de la actividad económica internacionales. Sin embargo, no hemos cobrado aún conciencia de que todos esos factores están contribuyendo a la degradación inexorable de los procesos ecológicos naturales que hacen de los cursos de agua (en el sentido de sistemas hidrológicos naturales) nuestro sustento. Los resultados de la destrucción de esos procesos son inevitables y fácilmente previsibles. Y, además, hemos de hacer frente al reto ineludible de proporcionar agua salubre a mil millones de personas que carecen de ella y servicios higiénicos adecuados a 1.700 millones de personas que aún no tienen cubierta esa necesidad.
Para la comunidad mundial, el reto es aceptar que los cursos de agua tienen una capacidad de resistencia limitada a las agresiones de la especie humana. No podemos continuar contaminándolos, regulándolos, privándoles de agua y explotándolos para obtener alimento y desarrollo económico sin proteger al mismo tiempo celosamente aquellos atributos que son críticos para su existencia. Los humedales son uno de los elementos vitales que contribuyen a la existencia de los cursos de agua de donde provienen nuestros alimentos y el agua que bebemos, y sin embargo continuamos permitiendo su destrucción en todo el mundo. Por ignorancia, hemos incurrido en todas las partes del mundo en los mismos errores en la gestión de los sistemas hídricos. Uno de esos errores ha sido la destrucción de humedales. Ha llegado el momento de que aprendamos de esos errores y adoptemos medidas urgentes para restaurar y proteger nuestros cursos de agua. Son precisas una serie de medidas a corto, medio y largo plazo para proteger y restaurar los procesos ecológicos naturales que hacen posible que los cursos de agua sustenten la vida humana y la biodiversidad mundial.
Los Humedales: un elemento vital de la respuesta a la crisis del agua
En 197l, los representantes de 18 países se reunieron en una pequeña ciudad del Irán, a orillas del Mar Caspio, para estampar su firma en un tratado internacional. Esa ciudad era Ramsar, y la Convención que se firmó ese día la Convención sobre los Humedales. Los artífices de la Convención tuvieron la previsión y la lucidez de reconocer la importancia de los humedales como elementos vitales de los cursos interiores de agua y de los sistemas costeros. También reconocieron los múltiples valores, funciones y servicios que aportan los humedales y formularon el concepto de "uso racional" con el que actualmente se identifica a la Convención.
En aquella época, el acto que se llevó a cabo ese día tal vez no pareciera tener una repercusión mundial, pero 27 años más tarde, en un momento en el que el mundo lucha por encontrar soluciones a la crisis del agua, la Convención de Ramsar es más pertinente y necesaria que nunca. La razón es que los humedales son una parte fundamental de la solución del problema. Constituyen un componente vital de cursos de agua "sanos" y sostenibles. Esta Conferencia debería reconocer el importante papel de estos ecosistemas e instar a todos los gobiernos a que, como una de sus respuestas inmediatas a la crisis mundial del agua, adopten todas las medidas necesarias para evitar la destrucción de los humedales aún existentes. Más a largo plazo, y con el objetivo de reparar los daños causados a los cursos de agua, los gobiernos, las agencias de apoyo financiero y las comunidades locales deberían atribuir especial prioridad a la restauración y rehabilitación de los humedales alterados, degradados o modificados. Los países desarrollados están en condiciones de actuar rápidamente en ese sentido, y los donantes deben movilizar recursos para ayudar a los países en desarrollo o en transición económica a hacerlo.
No estamos simplificando el problema. Hemos de buscar los medios de hacer frente a corto, medio y largo plazo al problema del agua. Algunas medidas, como el establecimiento de los principios de la gestión integrada de los recursos hídricos, pueden ponerse en práctica a medio plazo, pero su plena aplicación requerirá muchos años. Un llamamiento mundial para proteger los humedales constituye una respuesta inmediata de la que nadie puede dudar que sea apropiada; no es la única respuesta, pero es una respuesta tangible, basada en hechos inequívocos.
¿ Qué nos aportan los humedales ?
Un rápido resumen de las funciones, valores y beneficios de los humedales pone de manifiesto que éstos son un elemento fundamental para hacer frente a la crisis del agua. A diferencia de lo que ocurre en otros sectores, en los que son necesarias intervenciones positivas e inversiones para obtener beneficios de la utilización de recursos hídricos, los principales beneficios de los humedales son fruto de las funciones inherentes a esos ecosistemas. Es menester que reconozcamos inmediatamente este hecho y adoptemos medidas para preservar los humedales como "instrumento" para conseguir una gestión sostenible del agua.
Abastecimiento de agua. Los humedales son un elemento fundamental para la obtención de agua potable a largo plazo. Debido a los procesos naturales de filtración que se producen cuando el agua pasa a través de ellos se les ha llamado "los riñones del planeta". Se ha calculado que una hectárea de marismas cumple la misma función que un sistema técnicamente avanzado de tratamiento de aguas residuales que cuesta 123.000 $ EE.UU. Cuando el agua pasa de un humedal al acuífero subterráneo se produce además una renovación de las aguas subterráneas. Generalmente, cuando el agua llega al acuífero está más limpia que cuando comenzó a filtrarse del humedal. El agua del acuífero puede extraerse para el consumo humano, o fluir por un cauce lateral subterráneo hasta aflorar a la superficie en otro humedal como descarga de agua subterránea.
Regulación del caudal de agua. Muchos ríos siguen siendo una fuente segura de agua durante todo el año debido a que el caudal se desvía del cauce principal a las zonas de turberas, pantanos y ciénagas de la cuenca. Los humedales son causa de que el agua de la estación de lluvias fluya más lentamente, lo que amplía a épocas más secas el período en el que puede disponerse de agua. Si se rectifican las corrientes y se eliminan los bosques y pantanos de las tierras altas, las riadas que siguen a las tormentas provocan el caos, y la aceleración de las escorrentías no deja nada para la sequía del verano. Desde el punto de vista hidrológico, el avenamiento y arado de las llanuras aluviales y los humedales ribereños tiene efectos similares a la pérdida de bosques de montaña.
Abastecimiento de alimentos. La mayoría de los peces que nos sirven de alimento dependen en algún momento de su ciclo vital de los humedales, y los pastizales de las llanuras aluviales sustentan millones de cabezas de ganado bovino y de animales herbívoros de especies silvestres. Los humedales son el hábitat natural de uno de los principales cereales alimenticios, el arroz, la mayor parte de cuyas variedades se cultivan en un hábitat de humedal modificado. Se ha estimado que sólo en Asia más de dos mil millones de personas dependen, como producto básico y fuente de proteínas, de productos y peces de los humedales. En Zambia, la importancia de la pesca, los pastos y los recursos naturales de la llanura aluvial de Kafue y el fracaso de la agricultura de regadío intensiva han llevado a los dirigentes locales a propugnar firmemente la preservación de la llanura aluvial natural como el medio más eficaz de satisfacer las necesidades de la población rural.
Polos de desarrollo económico. Actualmente, se reconoce en todo el mundo que los humedales son elementos básicos y polos del desarrollo económico en los países desarrollados y en desarrollo. La principal fuente de ingresos que brindan es la producción pesquera, seguida de cerca por el turismo ecológico. Humedales como el Kakadu National Park en Australia, Okavango en Botswana y el Pantanal en América del Sur son visitados por miles de turistas al año, con los consiguientes beneficios para la economía local. En muchos países, el aprovechamiento de los juncales de los humedales para la producción de papel y de artículos de cestería es un elemento decisivo del crecimiento económico.
Efectos beneficiosos en el clima. Los humedales tienen además efectos microclimáticos y macroclimáticos beneficiosos. La evapotranspiración de los humedales mantiene los niveles locales de humedad y de precipitaciones pluviales. En los humedales con vegetación arbórea, gran parte del agua de las lluvias vuelve a pasar de los árboles a la atmósfera por evaporación o transpiración y a caer en forma de lluvia en la zona circundante. La destrucción del humedal lleva aparejada una disminución de las precipitaciones pluviales en la zona, con efectos adversos sobre el rendimiento de los cultivos. En los valles de la región sudoccidental de Uganda, la preocupación por los efectos de la pérdida de los humedales en el microclima local ha sido un importante factor determinante de la prohibición del avenamiento de humedales en 1986.
Los recursos de humedales y las amenazas que pesan sobre ellos
La protección de los humedales PUEDE TENER repercusiones a escala mundial en el problema del agua. Se ha estimado que aproximadamente 8.600.000 km2 (en torno al 6,4% de la superficie terrestre del mundo), extensión algo mayor que la de Europa, están cubiertos por humedales. Hay humedales en todos los continentes, excepto en el Antártico, y en todos los climas, desde los trópicos a la tundra. Los porcentajes mayores corresponden a turberas altas (30%), turberas bajas (26%), pantanos (20%) y llanuras aluviales (15%), en tanto que los lagos representan el 2% de la superficie total. Los suelos turbosos ocupan, en conjunto, más de 2.300.000 km2.
Se ha estimado que desde 1990 más de la mitad de los humedales del mundo han sido destruidos. Con la consigna de la rehabilitación de tierras los hemos destinado a otros usos. Se ha considerado generalmente que el avenamiento de los humedales constituía una empresa progresiva y cívica, orientada a incrementar la salud y el bienestar de la sociedad, atenuar los riesgos de inundaciones, mejorar la situación higiénica y recuperar tierras para la agricultura. El desconocimiento de la importancia de los humedales en todos los estratos de la sociedad, y especialmente entre los responsables de la adopción de decisiones y de la gestión de proyectos, ha contribuido enormemente a la pérdida de humedales.
La regulación de los sistemas hidrológicos y el avenamiento en beneficio de la agricultura y del desarrollo urbano han sido las causas principales de la pérdida de más del 50% de los humedales en países como los Estados Unidos, Nueva Zelandia, Australia, el Pakistán, Tailandia, Níger, el Chad, Tanzanía, la India, Vietnam e Italia. Esa pérdida se ha producido en un período en el que eran escasamente conocidos y aceptados dos importantes factores. El primero de ellos es el hecho de que, al adoptar decisiones sobre el uso del agua, hay que tener en cuenta que el propio medio ambiente es un importante consumidor de agua. Hasta cierto punto, es una perogrullada: para funcionar adecuadamente y garantizar un suministro constante y de calidad a los demás usuarios, los cursos de agua necesitan agua (la cantidad adecuada en el lugar adecuado). No obstante, a muchos responsables de la gestión del agua les resulta aún difícil de entender que a largo plazo sólo puede asegurarse el cupo asignado a su utilización por la especie humana si se asegura previamente el "cupo ambiental" que los sistemas precisan para seguir funcionando. El segundo factor que ha afectado a los humedales es el desconocimiento general de las múltiples funciones benéficas que cumplen los humedales en las cuencas y en las zonas costeras en las que están situados.
Con frecuencia, las causas inmediatas de la pérdida de humedales son fruto de los efectos combinados del desconocimiento, la acción de fuerzas sociales y económicas y algunas decisiones políticas. El aumento mundial de la urbanización, del que es una muestra el crecimiento demográfico de las ciudades de tamaño medio de unos 30.000 habitantes en los países en desarrollo, va unido a un espectacular aumento de la carga de contaminación del medio ambiente. El humedal puede subsistir, aunque en una situación de degradación, pero muchos de sus beneficios se pierden.
El crecimiento demográfico, unido a la distribución no equitativa de recursos y derechos de acceso, ha incrementado la demanda de tierra, que, a su vez, ha ejercido una enorme presión sobre los humedales. Por ejemplo, en la región del Sahel, la densidad de población ha alcanzado o superado ya la capacidad de la región; es poco probable que la explotación agrícola de las tierras secas o la emigración masiva a otras partes de la región puedan paliar la situación. En consecuencia, los humedales resultan más interesantes, y la presión para transformarlos en arrozales se intensifica debido al crecimiento del desarrollo urbano en Africa Occidental y a la demanda de arroz de la población. Las sequías tienden también a incrementar las presiones sobre los humedales, ya que afectan a la estructura de las migraciones de la población en la zona. Durante las graves sequías que se produjeron entre 1975 y 1980, el número de poblados de la parte nigeriana del Lago Chad pasó de 40 a más de 100. De forma análoga, la utilización para fines agrícolas de los humedales Hadejia-Nguru ha aumentado debido a las sequías.
Además, algunas políticas e incentivos en distintos sectores contribuyen a fomentar el avenamiento o el cultivo de determinados productos agrícolas en detrimento de los humedales. Las pautas del comercio pueden alterar asimismo el equilibrio de la producción y llevar a la pérdida de humedales; a este respecto podría citarse como ejemplo la demanda mundial de camarones de elevado precio procedentes de viveros acuícolas. La ausencia de normas legislativas o su inaplicación pueden ser también causa de la pérdida de humedales, especialmente cuando los reglamentos para controlar la contaminación del agua no son adecuados.
La Convención sobre los Humedales está cumpliendo ya la función que le corresponde
Hasta la fecha se han sumado a la Convención sobre los Humedales 106 países, y se espera que esa cifra llegue a 125 el próximo milenio. Los países que se han sumado a la Convención se han comprometido, al adherirse a ella, a adoptar una serie de medidas basadas en el reconocimiento de que los humedales son necesarios para el planeta, no sólo para mantener su riqueza en especies, sino también porque son imprescindibles para el mantenimiento de los sistemas hídricos que sustentan la vida humana.
Las Partes Contratantes de la Convención de Ramsar participan en un proceso destinado a identificar los sitios de su territorio que pueden ser clasificados como "humedales de importancia internacional", con objeto de prestar especial atención a su conservación y a su uso sostenible. Casi 900 sitios, con una superficie total de 67.500.000 hectáreas (mayor que la de Francia o Kenya), han sido incluidos en la lista de humedales de importancia internacional de la Convención de Ramsar. Además, las partes en el tratado promueven el uso sostenible ("uso racional", en la terminología de Ramsar) de todos los humedales situados en su territorio, mediante la adopción de políticas y legislación apropiadas y actividades de formación, investigación o destinadas a aumentar la conciencia pública del valor de los humedales.
De conformidad con la Convención, los países dan prioridad a la elaboración de políticas nacionales en relación con los humedales, estableciendo comités consultivos intersectoriales que asesoran al gobierno, realizando inventarios de sus recursos de humedales y elaborando planes de manejo integrados para los humedales, incluidos o no en la lista de Ramsar, que se encuentran dentro de su jurisdicción. Se atribuye especial prioridad a la elaboración de enfoques cooperativos e integrados de la gestión de los cursos de agua y humedales que trascienden las fronteras nacionales.
En su próxima Conferencia, las Partes Contratantes de la Convención sobre los Humedales seguirán elaborando otros "instrumentos" para sus signatarios bajo los temas "Ramsar y el agua", "Planificación nacional para la conservación y el uso racional de los humedales", "Participación de la población local a todos los niveles", "Instrumentos para la evaluación y el reconocimiento del valor de los humedales" y "Marcos de la cooperación regional e internacional". En síntesis, Ramsar está abordando ya las cuestiones que algunos pueblos y organizaciones comienzan ahora a considerar prioritarias para la gestión sostenible de los recursos hídricos.
Si la comunidad mundial reconoce el capital natural que representan los humedales y les atribuye un papel destacado en la respuesta a la crisis del agua, ha de reconocer también la vitalidad de la Convención de Ramsar y el apoyo con el que cuenta. Ramsar no es toda la respuesta, pero es una parte fundamental de ella, en la misma medida en que los humedales son un elemento de importancia vital. Si los humedales son objeto de ese reconocimiento mundial, ha de reconocerse también que estamos a la cabeza de la carrera para utilizar los humedales como arma para enfrentarnos a la crisis del agua: 18 países tomaron la delantera hace 27 años en Ramsar, Irán, y ahora nos toca a nosotros redoblar los esfuerzos.
En 1998 la comunidad internacional celebrará una serie de reuniones para ocuparse de la crisis del agua y elaborar una respuesta a esa crisis. No caigamos en la trampa de pensar que la respuesta radica en complejas soluciones técnicas. La naturaleza nos ha dado la mejor tecnología, y es necesario, ante todo, que la aceptemos, la respetemos y la protejamos. Los humedales son una parte importante de esa tecnología natural.
En el curso de los cinco próximos años hemos de avanzar con decisión y de forma cooperativa hacia el nuevo paradigma de la gestión integrada de los recursos hídricos que, para que tenga éxito, ha de contar con la participación de todos los responsables: comunidades, gobiernos y empresas. Ese paradigma debe partir del principio capital de que los ecosistemas son los componentes principales de unos cursos de agua "sanos" y productivos. No puede ni debe esperarse que los ecosistemas compitan por un puesto en la cola con los demás "usuarios" a la hora de adoptar decisiones difíciles; deben estar siempre en primera fila.
Para
más información, se ruega contactar: Oficina de la Convención de Ramsar,
Rue Mauverney 28, CH-1196 Gland, Suiza (Tel: +41 22 999 0170, Fax: +41 22 999
0169, E-mail ramsar@ramsar.org).
Translated from the English original by Marta Prats. Posted
el 25 de febrero de 1998, Dwight Peck, Ramsar.